CONSEJO MEXICANO DE CIENCIAS SOCIALES
Horizontes interpretativos de una pandemia:
esperanza, solidaridad e instituciones
Nelson Arteaga Botello
Luz Ángela Cardona Acuña

Finalizando el 2019 y durante el primer trimestre del 2020 un virus, conocido como Covid-19, detuvo el funcionamiento habitual mundo. Millones de seres humanos se contagiaron, murieron o se recuperaron del virus. Las actividades económicas se vieron interrumpidas. Los sistemas de salud colapsaron. La ciencia no ha logrado informar con certeza cuáles son los orígenes, los impactos sobre la salud, las formas de contagio o las curas posibles. Este evento, uno de los más dramáticos que hemos vivido en lo corrido del siglo XXI –por su intensidad y magnitud globales– fue interpretado y analizado por intelectuales de las ciencias sociales. Estos salieron a la opinión pública tratando de explicar qué era la pandemia, de dónde surgía y qué implicaba en términos de un posible cambio en la humanidad.

En este capítulo analizamos las interpretaciones de dichos intelectuales como disputas por el sentido de la pandemia. Siguiendo la propuesta teórico-metodológica de la sociología cultural, nos proponemos entender cuáles son las disputas que se generan sobre lo sagrado y lo profano en medio de este dramático evento de escala global. La pandemia tomó la forma de una mediación simbólica que fue interpretada y que puso en evidencia diferentes narrativas sobre las esferas sociales, económicas y políticas.

Estas narrativas muestran que no hay una sola lectura sobre la propagación del virus, sus efectos y sus consecuencias. La pandemia se transformó en un significante que se cargó de sentido en las explicaciones compartidas y disputadas por algunos intelectuales. Estas narrativas son evidencia de las diferentes formas de interpretar el mundo; dan cuenta de las diferentes disputas morales sobre lo que se considera bueno y malo, lo pertinente y deleznable, o puro e impuro, para una sociedad, constituyéndose en teodiceas. Este tipo de análisis permite escrudiñar sobre las esperanzas y miedos que pueblan los imaginarios colectivos de las sociedades contemporáneas.

El capítulo inicia con el apartado “El gran confinamiento del siglo XXI, el cual describe brevemente lo que ha sido la pandemia hasta el momento de redacción de este texto (finales de julio de 2020), resaltando sobre todo aquellos hechos que fueron referidos por los intelectuales en sus interpretaciones sobre la pandemia. Posteriormente, situamos teóricamente los elementos conceptuales que desde la sociología cultural nos permiten cumplir el objetivo propuesto en el apartado “Teodiceas: lo sagrado y lo profano”. En un tercer apartado, “Las narrativas sobre la pandemia”, analizamos las tres narraciones y discursos que se han generado hasta el momento de escribir este capítulo. Este análisis deriva de un ejercicio analítico/descriptivo, que ha tenido por objeto identificar cómo se construye la idea de profano y de sagrado en las narrativas de los intelectuales analizados. Finalmente, en líneas generales subrayamos los principales hallazgos de este texto en un apartado de conclusiones denominado “Las Tres Narrativas.”

Este análisis es una aportación desarrollada dentro un proyecto de investigación que inició poco después de que la pandemia se expandiera globalmente, y cuyos resultados fueron publicados en un breve texto a manera de nota de investigación (Arteaga y Cardona, 2020), pero que ahora adquiere una profundidad mayor, ya que se incluyen más datos y construimos un marco teórico más elaborado y fino. El interés por analizar las mediaciones simbólicas en torno a la pandemia u otros eventos a escala global, como el #MeToo (Cardona y Arteaga, 2020), es resaltar la necesidad de que la sociología tome en cuenta las interpretaciones que los actores hacen de procesos sociales que consideran clave para la construcción de dinámicas de solidaridad e inclusión social. En particular, con el caso de la dispersión mundial del COVID-19, nos interesa destacar cuáles son los cambios, en las esferas social, económica y política, que se proyectan en las narrativas que analizamos. En otras palabras, qué mundo se espera en la Nueva normalidad, en lo que hemos denominado teodiceas sobre la pandemia.

El gran confinamiento del siglo XXI

En septiembre del año 2019, la Organización de Mundial de la Salud (OMS) alertaba que uno de los principales riesgos para la salud era una “pandemia de patógenos respiratorios de alto impacto” (OMS, 2019: 4). A finales del mismo año médicos chinos intentaron informar de la existencia de un extraño virus que estaba afectando a los habitantes Wuhan, en China.[1] Con el paso de los meses la noticia y los casos se extendieron por países como Italia, España, y Estados Unidos. El número de países que anunciaría la presencia de casos de personas contagiadas por el virus COVID-2019 fue creciendo mes a mes. A principios de julio del año 2020 se registraban 11,317,637 casos en todo el mundo.[2]

Lo que inicialmente se llamó despectivamente el “virus chino”, parecía haber viajado de Oriente a Occidente, como habían viajado los virus en la Alta Edad Media, a través de varios medios de transporte. Se hicieron comunes las preguntas por cómo se estaba esparciendo el virus, ¿qué patrones de contagio tenía?, ¿con cuántas personas se cruzó un paciente antes de caer derrotado por el virus?, entre otras. Las aplicaciones digitales y las mediciones para analizar los desplazamientos e interacciones empezaron a surgir como herramientas para entender el comportamiento del virus. El análisis de los patrones de viajes y movilidad humana se hizo común.[3]

El COVID-19 es parte de una familia de virus que ya habían circulado en los años 2003 (SARS) y 2012 (MERS).[4] Sin embargo, en esta ocasión se alertó de una letalidad mayor, un contagio más fácil y una mayor durabilidad del virus en el medio ambiente. Los casos se fueron expandiendo por el mundo hasta que, el 30 de enero de 2020, la OMS emitió una declaratoria de emergencia debido a lo que se interpretaba como un gran crecimiento de casos en el mundo con 118,000 casos y 4,291 fallecidos en 114 países.[5] En poco tiempo países como España o Italia expresaban su preocupación por la limitada capacidad hospitalaria para atender todos los casos.[6] La expansión del virus ponía en evidencia que muchos países no contaban con servicios adecuados y suficientes para atender a su población. La falta de ventiladores, camas, especialistas, enfermeras y materiales empezó a llenar las primeras planas de los diarios. Ante la escasez de recursos, ¿quién debía beneficiarse de los existentes? Mucho se debatió si se debía dar prioridad a los jóvenes sobre los adultos mayores en la atención, bajo la premisa de proteger la “vida por vivir”.[7]

La necesidad de personal médico y de salud fue notoria. Los hospitales comenzaron a verse repletos de personas vistiendo trajes especiales, máscaras, guantes, y siguiendo estrictos protocolos, en imágenes que poco a poco se volvieron cotidianas en los medios de comunicación. Su compromiso y solidaridad para atender sin descanso, y pese a las carencias, fue celebrada con cánticos nocturnos y con letreros de agradecimiento en varias ciudades del planeta. Sin embargo, al considerarlos como focos de contagio, debido a su cercanía con los enfermos, los hizo acreedores de insultos, amenazas y golpes.

Al principio se afirmó que el virus afectaba las vías respiratorias y los pulmones, particularmente a las personas mayores. Con el tiempo se amplió la información sobre la dimensión de los daños que podría ocasionar en el organismo en función de la edad. También se empezó a informar sobre los riesgos para personas con enfermedades preexistentes y posteriormente se informó de casos de personas saludables que morían a causa del virus, e incluso de personas asintomáticas que intempestivamente perdían la vida. Al parecer los primeros síntomas incluían fiebre, anosmia y dificultad para respirar. Hacia el mes de abril se informaba que se estaban usando cerca de setenta tratamientos dependiendo de las condiciones de salud previas del paciente y la evolución del virus en el cuerpo.[8] A mediados del primer trimestre del 2020, se conocieron imágenes de Bérgamo (Italia) y Guayaquil (Ecuador) que mostraban cómo había sido sobrepasada la capacidad de los hospitales y las funerarias para manejar el volumen de cadáveres que el virus iba dejando a su paso. Caravanas fúnebres militares y campos santos, empezaron a ser la solución. Nuevos protocolos sobre qué hacer con los muertos empezaron a surgir ante el riesgo de que pudieran ser focos de contagio para la población en su conjunto.

Estas imágenes se fueron alternando con fotos y videos de sobrevivientes del COVID-19: héroes que salen en medio de aplausos de los hospitales; videos de personas contando cómo superaron la enfermedad; fotos que mostraban los cuerpos agotados y desgatados que salieron triunfantes del ataque viral. Conforme el virus se diseminaba, el confinamiento, la cuarentena y el aislamiento social, emergieron como murallas para protegerse del contagio.[9] El 23 de enero China confinó la ciudad de Wuhan. El 9 de marzo el primer ministro Giuseppe Conte siguió la misma estrategia en Italia, endureciendo las medidas hacia el 21 de marzo. Ese mismo mes España decretó estado de alarma y cerró todos los lugares de actividades no esenciales. A finales de marzo el presidente Emmanuel Macron anunció el inicio de una crisis y declaró que Francia entraba en una “guerra” contra el virus.

Entre los meses de febrero y marzo, 17% de los países del mundo[10] habían tomado diferentes medidas para detener el contagio. Estas acciones incluían el uso de máscara, la medición de la temperatura, el confinamiento total, parcial o el toque de queda. En algunos países se establecieron además sanciones a quienes incumplían con estas reglas, las cuales incluyeron: multas, detenciones y hasta castigos físicos. La situación global podría resumirse en un titular: “La pandemia del siglo XXI que paró al mundo”.

El encierro impactó en una economía global que para muchos ya estaba crisis. Diferentes sectores de la economía mundial pararon su producción, sobre todo aquellos que implicaban interacción cara a cara; otros sectores obtuvieron grandes ganancias, como fue el caso de servicios virtuales y compras por internet. Millones de personas perdieron su empleo. La comparación de esta crisis económica como una peor a la acontecida en los años veinte del siglo pasado buscaba ilustrar la dimensión del problema.

La pandemia por COVID-19 generó distintas interpretaciones sobre su origen y efectos no solo desde el discurso médico y político, también se llevaron a cabo lecturas desde el campo de las ciencias sociales y las humanidades. A la sociología cultural le interesa comprender estas interpretaciones vertidas a amplios sectores de la opinión pública porque permite comprender los procesos de significación social que se construyen en momento de crisis colectiva (Spillman, 2020). Es una oportunidad para, en primer lugar, comprender cómo teorías de amplio horizonte terminan por comprender la pandemia a través de versiones condensadas y simplificadas. En segundo lugar, porque permiten comprender las distintas visiones que hay sobre un mismo problema. Finalmente, porque se movilizan marcos de significación del mundo social que buscan influir en la acción de grupos e instituciones (Arteaga y Cardona, 2020).

El presente capítulo analiza las opiniones de un conjunto de intelectuales al momento en que la pandemia avanzaba en Asia y Europa en los primeros meses del año 2020. Se analizan ensayos de Giorgio Agamben, Jean-Luc Nancy, John Gray, Byung-Cul Hang, Slajov Žižek, Alain Badiou, Judith Butler, Achilles Mbembe, David Harvey, Michel Maffesoli, Gilles Lipovetsky, Bruno Latour, Michael Taussig y Michel Wieviorka. Las obras de estos autores han sido traducidas ampliamente y forman parte de las lecturas básicas de estudiantes e investigadores en ciencias sociales y humanidades. Además, tienen una presencia mediática y son referente de opinión. Siguiendo a Alexander (2016), los posicionamientos de estos intelectuales sobre la pandemia permiten comprender cómo se codifican en nuestro tiempo lo sagrado-bueno y profano-malo de las instituciones sociales y políticas, de la misma forma proveen narrativas de salvación colectiva como elementos protagónicos de la historia y la transformación social.

La pandemia por COVID-19 fue significada por estos pensadores en narrativas que subrayaron el carácter sagrado y profano de las estructuras sociales, económicas y estatales contemporáneas. Interesa comprender cómo cada autor explicó la pandemia en un pequeño texto no académico, reduciendo la complejidad de su obra para hacerla legible a un público amplio. Siguiendo a Weber (1984), se busca examinar cómo se construyeron las teodiceas sobre el sentido del bien y el mal en la pandemia, así como del pecado y la salvación (Ramos, 2012). Se examina cómo los intelectuales definieron el caos (el problema del mal) –y los demonios que lo habitan–, cómo asignaron un sentido a este último y cómo imaginaron el destino a la sociedad mundial. Al igual que las religiones, las teodiceas organizan las relaciones sociales en antítesis profundamente sentidas entre lo sagrado y lo profano. Lo primero debe ser protegido interponiendo una distancia de aquello que pudiera profanarlo. Así, se establece un sentido profundo de eso que debe protegerse de su contaminación (Alexander, 2019).

Las teodiceas o la búsqueda de la salvación

Toda religión, explica Weber (1979), se construye sobre una idea de salvación, una creencia en otro mundo, una fe en la providencia y en la predestinación. Las religiones ofrecen así soluciones al problema de la imperfección del mundo. Kalberg, Hernández y Contreras (2009), profundizando en el problema de la religión en este clásico de la sociología, señalan que el problema de la religión es en última instancia el problema del sufrimiento y Weber encuentra en dicho problema el eje articulador de la narrativa religiosa.

La distancia que existe entre el mundo que vivimos y uno futuro solo puede lograrse por medio de la salvación, nos explica Weber (1979). Las narrativas sobre la pandemia ofrecen alternativas de salvación, así como un esquema de lo profano y lo sagrado –en términos de Durkheim– que proporcionan los puntos de referencia de esta salvación (Alexander, 2006: 569). Como veremos, las narrativas que se analizan en el siguiente apartado plantean o bien la tensión entre este mundo imperfecto y uno por venir, para el cual hay que seguir un plan divino se salvación –como se plantea en las teodiceas judeocristianas; o bien una moral derivada de un compromiso activo para el logro de la salvación enfocado en un cambio en la actividad económica –como lo plantean las teodiceas protestantes (Alexander, 2013).

Las narrativas sobre la pandemia se constituyen en propuestas que buscan dar un sentido al sufrimiento y brindar las salidas a éste –configuran teodiceas. Al igual que las religiones, estas narrativas recurrieron a formular las alternativas a la crisis económica y de salud, así como a los problemas derivados por dichas crisis. Como veremos, sus interpretaciones sobre las causas, consecuencias y prospectivas de la pandemia, condensan profundas creencias sobre mundos posibles, un destino al que no podemos escapar o una narrativa sobre la imperfección/perfección de las esferas sociales, económicas, o políticas. Para el análisis de estas narrativas se identificó cómo en cada una se expone lo que se espera de cada esfera (social, política o económica) y qué imputaciones sagradas/profanas se hacen sobre ellas; cuáles son las relaciones de salvación/condena que se tejen entre dichas esferas; cómo se construye ese otro mundo que hay después de la pandemia; y, finalmente, qué lugar tienen los sujetos y las instituciones en la superación del sufrimiento que acarrea la tragedia. Este análisis nos ha permitido identificar tres teodiceas: 1) de la desesperanza; 2) de la solidaridad; y 3) de las instituciones.

Las tres teodiceas

Las imputaciones de sagrado o profano sobre las esferas social, política y económica, enmarcaron las disputas por la interpretación de la pandemia COVID-19 y, al mismo tiempo, proporcionaron las narrativas sobre el bien y el mal sobre la sociedad, así como de su destino (Douglas, 1966). Las narrativas fueron expresadas en forma de artículos de opinión publicados por intelectuales de amplio reconocimiento en las ciencias sociales, pero también en la historia y la filosofía. En cada uno de los artículos analizados se identificaron las teodiceas de la desesperanza, de la solidaridad y de la institucionalidad. Como se observa en los subapartados siguientes hemos retomado los argumentos expuestos por los diferentes escritores e identificamos cómo explican sus ideas en términos de un discurso estructurado en términos binarios en los que se distingue lo bueno, lo sagrado o lo puro de lo malo, lo profano o lo contaminado que movilizó o estructuró la pandemia del COVID-19.

Teodicea de la desesperanza

El geógrafo británico David Harvey (2020) acusó que el origen de la pandemia estaba en el carácter corrosivo del neoliberalismo que contaminó el mundo social y político. La economía, a su parecer, había impactado las formaciones sociales y las disputas políticas e ideológicas. La expansión del capitalismo y su crisis, explica Harvey (2020), habían generado una enorme oferta de dinero y expandido el endeudamiento para activar los mercados. Acusaba que está lógica global de la economía había sido el ambiente propicio de la expansión del virus. El confinamiento interrumpió las cadenas de producción, inicialmente en China, pese a que el país asiático intentó frenar la propagación del virus con mecanismos propios del autoritarismo. La desaceleración china anunció el desempleo y precarización globales, en tanto que la presencia del COVID en Italia desató “la primera reacción violenta de los mercados de valores” (Harvey, 2020). Los efectos de la pandemia en las formaciones sociales fueron devastadoras: atacó los sistemas globales de salud desmantelados por el neoliberalismo, detuvo la industria del turismo y la llamada gig economy o de “consumo experiencial” –conciertos, obras teatrales, festivales culturales y deportivos.

La salvación, para Harvey (2020), está en que la globalización se aproxima a lo que Marx denominó como “consumo excesivo y consumo insano, lo que significa, a su vez, lo monstruoso y lo extraño, la caída de todo el sistema” (Harvey, 2020:p?). Estados Unidos podría salir al rescate de la economía si Trump cancela las elecciones en su país y decreta el inicio de la “presidencia imperial para salvar al capital y al mundo de los disturbios y la revolución”. Si bien Harvey no profundiza en su argumento, insiste en subrayar que solo un Estado autoritario y opresor podrá evitar la debacle del capitalismo.

A su vez, el filósofo coreano Byung-Chul Han (2020) señaló que la pandemia reforzó la tendencia de convertir la sociedad en una zona de seguridad, donde cada persona es un potencial foco de contaminación. La vigilancia esta predestinada a controlar a los sujetos como forma de salvación. La interferencia del Estado en la privacidad pondrá fin de las libertades individuales y un mundo de control acabará con la protección de los datos personales y la intimidad de las personas. Han (2020) sostiene que la pandemia desmontará el aparato legal liberal para establecer una biopolítica que le garantice el acceso a la información de sus ciudadanos con el pretexto de evitar futuras catástrofes como la pandemia.

El proceso de vigilancia se expandió, explica el filósofo, cuando Occidente imitó a las formas de vigilancia de los países asiáticos. Como explica Han (2020), siguiendo a Foucault, se trata del nacimiento de una nueva sociedad disciplinada. Lo que fue la Europa en la Alta Edad Media, lo es ahora Asia imponiendo una disciplina digital que genera una biopolítica “sin fisuras”, por medio de un Estado que controla todas las interacciones digitales, con miras a evitar la contaminación. La solución a la pandemia deriva del análisis de la información que producen las redes sociales y el internet por parte de virólogos, epidemiólogos y especialistas de Big Data, con el fin de evaluar el grado de salud, riesgo o infección de las personas.

Esta vigilancia se debe a que Asia, explica Han (2020), ha logrado una sociedad disciplinada, obediente e incondicional con la autoridad. Y el mundo que viene después de la pandemia, será posible gracias a que la disciplina asiática –inspirada en el confusionismo– será diseminada a escala global en el contexto de la pandemia. La salvación está dada gracias a que las redes sociales explotan la información de usuarios que voluntariamente vierten todos sus datos sin ningún tipo de coacción. En palabras de Han (2020), Facebook, Twitter e Instagram, funcionan como señores feudales: ponen la tierra para que la gente la are y al final de la jornada recogen la cosecha. En este capitalismo de la vigilancia, “somos dirigidos como marionetas por hilos algorítmicos. Pero nos sentimos libres. La libertad se vuelve servidumbre. ¿Esto es todavía liberalismo?”, se pregunta Han (2020:p.?).

La solución es perfecta para el modelo capitalista en su conjunto. Han (2020) sugiere que la vigilancia digital fortalecerá sobre todo al modelo neoliberal. Ningún virus es capaz de generar transformaciones positivas en la sociedad o la revolución, al contrario, provocará el aislamiento y la individualización. No propiciará sentimientos colectivos, exaltará el egoísmo y la ética del “sálvese quien pueda”. La solidaridad que ahora hay frente a la pandemia “consiste en guardar distancias mutuas, no una que permita soñar con sociedades más justa” (Han, 2020: p?). El otro mundo posible, es para este filósofo, igualmente desesperanzador y sufriente como el vivido antes de la pandemia y la crisis económica.

Esta opinión también la comparte el filósofo italiano Giorgio Agamben (2020a). A su parecer, las medidas de emergencia frente a la pandemia son irracionales, solo difunden el pánico e instauran un estado de excepción generalizado que limita la libertad de las personas. La salvación aparente del control profundiza otros males. Según Agamben, se infunde miedo para limitar las libertades en nombre de un deseo de seguridad que los mismos gobiernos inducen. Las medidas para evitar el contagio– recuerdan a las prácticas de difusión del miedo de los siglos XVI y XVII, explica el autor. Las disposiciones de confinamiento y seguimiento de los enfermos convertían a todos en «contagiadores» potenciales o un “untor” –aquel que impregna el virus a otros. De la misma manera, en la actualidad, las medidas de excepción transforman a cada ciudadano en un posible sospechoso de esparcir el virus. Lo profano se refugia en cada cuerpo y solo el aislamiento nos puede proteger.

La salvación está en la restricción a las libertades y el contacto entre personas, en la supresión de la idea del prójimo como referente de humanidad y del pensamiento crítico –el cierre de las universidades es un ejemplo de esto. Todo lo que queda, advierte Agamben (2020b), es una socialización digital deshumanizante. El otro mundo que se avecina está libre del virus, pero está condenado al asilamiento y erosionado en todas sus formas de solidaridad. De acuerdo con Agamben (2020b) la gente no ha puesto resistencia al confinamiento, debido a que la vida de las personas ya era intolerable. Paradójicamente, la pandemia resguardó en algún sentido el consumismo y la despolitización de la vida pública que habían reducido la vida de las personas a un sinsentido. El lenguaje de la gente frente a la pandemia refleja ese cansancio. La referencia religiosa para describir la desgracia es un indicio –se habla de apocalipsis y fin del mundo. Para el filósofo, pareciera que la pandemia solo profundizó la resignación con las que ya vivíamos.

La ciencia médica, afirma Agamben, se ha vuelto metafísica –no sabe cómo enfrentar el virus, cuáles son sus efectos, cómo se transmite, cuánto tiempo vive. Si algunas explicaciones científicas prevalecen sobre otras, argumenta Agamben (2020b), se debe a que han recibido los favores del poder, de la misma forma que en la Edad Media los teólogos se hacían de los favores del monarca para imponer su interpretación del cristianismo. La gente ha dejado de creer en todo, salvo en la vida nuda o en el mero hecho de vivir –advierte Agamben (2020b)– permitiendo así la emergencia del Leviatán o ese poder estatal que imaginó Hobbes frente al que los individuos entregan su libertad a cambio de su aparente seguridad. La única creencia que nos podría salvar, advierte el filosofo italiano, es el interés por estar vivos a costa de perder nuestras libertades.

Para Achilles Mbembe (2020), la desesperanza se ancla en el poder del Estado para instalar una vigilancia biopolítica, con la que puede decidir sobre la vida de sus ciudadanos. La posibilidad del confinamiento es una vía de salvación frente a una muerte que puede ser causada por cada persona, quien es potencialmente contaminante. En este mundo, el Estado conserva un poder soberano sobre la vida, y el COVID-19 tiene un poder igualador, pues mata a todos por igual. El modelo económico neoliberal ha trazado el valor de la vida y ha establecido que hay algunas vidas que “pueden ser descartadas” (Mbembe, 2020). La salvación es para los jóvenes, quienes tienen prioridad sobre los adultos mayores, y el “nuevo mundo”, para estos últimos, deviene en la suspensión de derecho universal a respirar. Para Mbembe (2020), la economía neoliberal durante la pandemia desacralizó al hombre y mercantilizó la respiración en los hospitales.

Otra narrativa de la desesperanza la ofrece el sociólogo francés Bruno Latour (2020), aunque el escenario de la pandemia para él es más bien una caricatura de la obra de Foucault. A decir de Latour, la salvación está fuera del alcance del Estado, incapaz de controlarlo todo, ya que opera en su versión elemental del siglo XIX: administra estadísticas y cuadricula territorio. La guerra contra la pandemia se reduce a administrar máscaras, guantes, pruebas y hospitales. La sociedad, por su parte, se convierte en una asociación sin forma humana, que está reducida a leyes, normatividades, al internet y las redes sociales. Todo queda destinado a la protección contra la muerte. Así, la organización estatal y social –según Latour (2020)– funciona como mecanismo que profana la idea de lo humano y lo solidario al momento de cosificarlo y deshumanizarlo. De esta forma, una vez superada la pandemia, advierte Latour (2020), no hay que esperar ningún cambio en la gestión del cuidado o la protección de riesgos. Esta tragedia y su desarrollo no traerá un mundo nuevo y la tragedia de la salud será vista como un espacio más de administración de las cosas.

En las narrativas de la desesperanza, el modelo económico neoliberal, el ejercicio autoritario de la política, la biopolítica, la hipervigilancia de las sociedades de control y la necropolítica, definen una primera teodicea que da cuenta del supuesto sentido del mal social que está detrás de la pandemia y que esta última termina por profundizar. Dicha teodicea asume un carácter profano de las estructuras económicas y estatales que contaminan la democracia, los valores colectivos y solidarios, así como las membresías amplias de inclusión civil y política. Desde esta visión, un giro autoritario del poder garantizará el funcionamiento permanente del neoliberalismo y una profundización de los mecanismos de control social. Resistir parece imposible, no hay salvación que no traiga un mal mayor. Todo parece estar mal y solamente se puede esperar a que vaya aun peor. No obstante, para los menos fatalistas, como Latour (2020), la pandemia solo mostró el grado de cosificación y mercantilización en el que estaba ya sumergida la sociedad. La pandemia, para este último autor, solo hizo visible la imperfección del mundo en el que vivimos, y que, quizás, seguirá siendo aún más imperfecto.

Teodicea de la solidaridad

Slajov Žižek (2020), filósofo esloveno, explica que la pandemia despertó el carácter sagrado de lo social que a su vez hizo evidente el carácter profano del mundo de la política y la economía a escala mundial. A su parecer emergió una “solidaridad global”, que con un carácter de pureza será la salvación del mundo. Al mismo tiempo se desataron, por su puesto, fakenews, teorías de la conspiración, un racismo exacerbado, cierre de fronteras y la contención espacial de los enemigos políticos. A su parecer, la solidaridad global puede dar nacimiento a una sociedad alternativa solidaria y cooperativa, que podrá mejorar el mundo en el que vivimos. Para el filósofo esloveno, el COVID-19 tendrá efectos letales sobre el comunismo chino y el capitalismo neoliberal, tal y como la tragedia de Chernobyl marcó el principio del fin de la Unión Soviética. De acuerdo con Žižek (2020), el capitalismo ha sido tocado de muerte, y tarde o temprano tendrá que sucumbir. Las señales, de esta renovación están a la vista: crece una red global de atención médica y en la vida cotidiana la distancia, así como el aislamiento, se expresan como actos de profunda solidaridad social.

Žižek reconoce que la salvación vendrá tanto de los sistemas biopolíticos de vigilancia controlados por los Estados y las corporaciones, como de la capacidad de control y disciplina social para resistir. En medio de esta crisis los liberales expresan su preocupación por un “estado de guerra médico” que impone límites a las libertadas y a la soberanía con la promesa de la continuidad social. Al mismo tiempo, los comunistas predican la salvación en la destrucción del liberalismo. Zižek (2020) considera que la pandemia crea las fuerzas purificadoras de las estructuras estatales y económicas: un evento capaz de despertar la conciencia colectiva y solidaria a escala global. Para el autor, existe una relación causal entre la emergencia de la pandemia y la expansión de una solidaridad purificadora o reparadora de los daños causador por el capitalismo.

Para la filósofa norteamericana Judith Butler (2020), con la pandemia, surgió una solidaridad sagrada que tiene origen en una interconexión que le permite afirmar que “todos estamos en el mismo barco”, por lo que la salvación vendrá del apoyo global. El COVID-19, sugiere Butler (2020), incitó al aislamiento como una nueva forma de reconocimiento de nuestra interdependencia y solidaridad global. Hay que secuestrarnos en nuestras casas, dejar los espacios de contacto social porque el virus cruza todas las fronteras y no discrimina. Esto nos coloca frente al virus como iguales, muestra la condición interdependiente de la globalización y la necesidad de desarrollar obligaciones mutuas. Pese a la “igualación del virus”, la salvación no viene por igual para todas las personas: la pobreza genera condiciones diferenciadas que ponen en riesgo más a unos que a otros (Butler, 2020). Al mismo tiempo –añadió–, la solidaridad global se puede ver contaminada por los nacionalismos, el supremacismo blanco, la violencia contra las mujeres, queers y trans, exacerbados por las formas de producción económica. Para esta filósofa es necesario impulsar un sistema de salud global en el que se compartan patentes e información sobre el virus. En la medida en que estamos aislados nos damos cuenta de lo conectados que vivimos. En su opinión, esta conciencia de interconexión genera una solidaridad inclusiva que rompe con las dinámicas contaminantes, y por tanto profanas, de la racionalidad económica neoliberal.

Dentro de estas narrativas esperanzadoras, está la del antropólogo australiano Michael Taussig (2020), para quien la solidaridad colectiva puede tomar un aire místico, sanador y vivificador. A su parecer, el nuevo mundo podría venir de un confinamiento en el que danzas y cantos semi-rituales despierten la imaginación social y promuevan la purificación de la vida social. Cada uno de estos performances podría tener una fuerza chamánica capaz de energizar la imaginación colectiva, sanar de la contaminación que genera la economía en nuestras vidas y las profanaciones de la política neoliberal que nos vuelve a todos una mercancía. Sacralizar el mundo y la vida de las personas, a decir de Taussig (2020), podría ser la salvación, la acción colectiva sagrada al alcance de todo el mundo. A su parecer, los rituales purificarían la vida social ayudando a limpiar el efecto corrosivo de la lógica neoliberal, en otras palabras, solucionarían los problemas de la imperfección del mundo.

Para el sociólogo francés Michel Maffesoli, el COVID-19 puso en evidencia el agotamiento del mito progresista de izquierda y derecha por igual, por lo que después de la pandemia necesitaremos otro discurso, mitos y narrativas para encantar el mundo. El mito progresista cree en la creación de un mundo mejor. El progresismo dibujó un mundo, explica el sociólogo, donde las sociedades resuelven sus problemas. La frase de Marx, “la humanidad no se plantea más que los problemas que puede resolver”; sin embargo, la pandemia podría estar indicando lo contrario. Maffesoli (2020) señaló que la pandemia es símbolo del fin de aquel optimismo progresista que creyó en la fuerza liberadora y constructiva de la globalización y el mercado sin fronteras, así como en la construcción de una sociedad socialista. Con el contagio global del virus, se ha revelado otro mundo de carácter trágico que insiste en que las cosas son lo que son y son irresolubles, una especie de predestinación de la que no podemos salir. En lo trágico se nos muestra, a decir de este autor, la muerte de la civilización utilitaria donde el lazo de solidaridad mecánica da paso al lazo de solidaridad orgánica. El primer tipo de solidaridad está ligado a lo dramático y se caracteriza por ser propio de la élite, de los grupos de poder convencidos que existe una solución para todo, incluso para la pandemia. La solidaridad orgánica, que se vincula con lo trágico y es propio de la gente que vive la muerte y la felicidad diariamente y que permite alimentar la espiritualidad. Esta última se reavivará frente a la pandemia, trayendo consigo la expansión de la solidaridad colectiva.

Las teodiceas esperanzadoras de Maffesoli, Žižek, Butler, y Taussig, dan cuerpo a una narrativa según la cual la purificación del mundo vendrá de las dinámicas sociales que puedan salvarnos de los efectos contaminantes de la economía –como la mercantilización– o los efectos impuros de la política. Para estos autores, la efervescencia solidaria se traducirá en innovaciones colectivas capaces de reescribir la historia del neoliberalismo a través de colectivos arrebatados por sentimientos de espiritualidad, hermandad, chamanismo o tragedia. La solidaridad se erige como la salida a la predestinación de un mundo condenado, a veces, por lo económico o lo político.

Teodicea de la institucionalidad

Una tercera narrativa consideró que el Estado es el medio para cristalizar institucionalmente los procesos de solidaridad y para enfrentar las causas y los efectos de la pandemia. La salvación está en las instituciones. El sociólogo francés Gilles Lipovetsky (2020) acusó que es fácil “predecir y decir frases espectaculares” frente a escenarios catastróficos, cuando lo más probable es que no habrá una mutación de las conciencias porque la historia no avanza a golpes de eventos. La pandemia, asegura Lipovetsky (2020), no ha generado por sí sola la exigencia de justicia social, esta última ya se venía gestando de tiempo atrás. La tensión entre un mundo perfecto y uno imperfecto esta constantemente en la historia.

El Estado ha sido retirado de la vida pública y ahí esta el origen de esta crisis (Lipovetsky, 2020). La sociedad, para lograr un mejor mundo, necesita del Estado para garantizarse mecanismos de protección duraderos. La crisis ha generado expresiones de solidaridad que no pueden sostenerse sin instituciones estatales. A su parecer, el sistema económico liberal no está en riesgo con las políticas de “estados de excepción” porque todo el mundo sabe que parte de la protección colectiva depende de la pérdida de un poco de libertades. Siguiendo a Lipovetsky (2020), cuando esta crisis termine, el consumo seguirá: “la gente necesita comprar, salir, irse de vacaciones y eso hará.” Para este escritor la expansión del virus es una oportunidad para que el Estado enfrente –sin apagar el sistema capitalista– las desigualdades sociales que produjo el neoliberalismo.

En esto coincide el filósofo francés Jean-Luc Nancy (2020) quien critica a quienes creen que se está instaurando una sociedad de corte distópico y, contra Agamben, argumenta que desconocer que la pandemia es un estado de excepción, lleva a concluir que la crisis es un pretexto para medidas que podrían valorarse como autoritarias. El virus puso en duda el mundo que conocemos, la civilización en la que vivimos y ha propiciado excepciones en lo biológico, lo informativo y lo cultural, que toman la forma de nuevas pandemias. Para Nancy, el gobierno es un actor más en estas excepciones, “desquitarse con ellos es más una maniobra de distracción que una reflexión política.” (p.?)

Si hubiese el fin de la civilización que conocemos, argumenta el filósofo británico John Gray (2020), este se relaciona con la globalización. Para Gray, los progresistas liberales pensaron que todo se iba a arreglar, pero desconocieron que se requieren nuevos mundos caracterizados por sociedades habitables y resguardadas de la anarquía global, por lo que es imposible más globalización. Gray (2020) sostiene que el virus develó que la libertad económica excesiva contaminó las formas tradicionales de cohesión y legitimidad política. Ante este fracaso, sugiere el autor, los gobiernos deben frenar el mercado global para controlar la economía y la salud nacional. Este filósofo británico sostiene que la crisis de salud no tiene por consecuencia la solidaridad, ésta siempre es limitada y necesita de un Estado protector. Este último podría socializar ciertos procesos de la economía y enfrentar la forma en la que ésta se apropia de la naturaleza. Para Gray (2020), el COVID-19 mostró que el progreso es reversible y la única forma de garantizar la supervivencia de la sociedad es reditar el Leviatán de Hobbes: diseñando un Estado que proteja a sus ciudadanos, incluso de las injerencias de sus propios gobernantes. Esto implica aceptar un régimen de biovigilancia con el fin de garantizar la salud de la población. El nuevo mundo tiene como salvador a un Estado fuerte. De acuerdo con Gray (2020), este cambio necesita que las sociedades liberales reconozcan sus debilidades y preserven sus valores “esenciales” como la legitimidad del poder, la libertad individual y el control del gobierno. Sostiene que la autonomía personal no es lo más importante, frente a la seguridad y el sentimiento de pertenencia, de allí que Gray (2020) apueste por un Estado capaz de frenar la racionalidad económica y su carácter predador tanto de la naturaleza como de la cohesión social.

Finalmente, el filósofo francés Alain Badiou (2020) apeló también por un regreso del Estado para ganar la guerra contra el COVID-19, pero con un matiz diferente. Sugirió soslayar las explicaciones que advierten que el virus traerá un Estado totalitario o el recrudecimiento del neoliberalismo –como si tuviéramos que pagar nuestras culpas por algún pecado cometido como imaginaban las sociedades medievales. Para Badiou (2020), la epidemia es el resultado del cruce de determinaciones naturales y sociales contingentes: el mercado de Wuhan, el comercio chino, el capitalismo global, por ejemplo. Badiou (2020) advirtió que no hay razón para pensar que la pandemia será un evento fundador revolucionario. Pero señaló que este evento nos obliga a pensar salidas de un nuevo proyecto comunista que, a su parecer, implica articular una solidaridad más allá de los intereses. Badiou (2020) apuesta, junto con Gray, Nancy y Lipovetsky, a una tercera teodicea con la que los efectos de la racionalidad económica se controlan con un Estado capaz de proporcionar una forma más humana a la sociedad, aunque ciertamente difieran sobre las en características que harán posible ese nuevo mundo.

Tres teodiceas para una pandemia

La pandemia desató tres narrativas que buscan explicar su sentido. La primera teodicea, que hemos denominado de la desesperanza, centró su explicación en lo impuro y contaminado de la economía, y apuesta por una explicación centrada en el neoliberalismo como causa de la pandemia y origen de los autoritarismos políticos. La subordinación de la política a lo económico explica los males que nos aquejan: estados biopolíticos, necropolíticos y de excepción. La salida es una intervención profunda sobre la economía, pues esta última es la causa de la imperfección del mundo.

La teodicea de la solidaridad coincide con que el neoliberalismo explica parte de la pandemia y la crisis que vive el mundo, pero disiente sobre sus impactos. Desde esta visión, la crisis puede ser salvadora y abre la posibilidad a un cambio impulsado por la efervescencia de formas de organización y solidaridad colectivas. Finalmente, la teodicea de las instituciones explica que el modelo económico neoliberal causó la pandemia, sin embargo, un nuevo mundo de salvación es posible con un Estado fuerte capaz de superar las desigualdades que produce la economía. Esta última alternativa, tiene variantes sobre las características del Estado, pero da una salida institucional a la decadencia que se presentó en la pandemia, y antes de ella.

Estas tres teodiceas definieron el problema del mal y la salvación, al cual se le asignó un sentido y unas consecuencias (sociales, económicas y políticas). Estos efectos están a veces bajo el control de actores y otras los sobrepasan. El mal se condensa en el neoliberalismo, en las visiones profanas de la economía o el Estado; mientras que, en las visiones sagradas del Estado, el problema no es el mercado sino el retiro del Estado del mercado. Finalmente, lo social se transforma en el actor purificador de la economía y el Estado en las visiones sagradas de la efervescencia y solidaridad colectiva.

Como sugiere el sociólogo Michel Wieviorka (2020), los debates en ciencias sociales y humanidades en torno al COVID-19 se han centrado en dibujar escenarios “minimalistas” o “maximalistas”. Los primeros tienden a señalar que nada va a cambiar, mientras que los segundo advierten que habrá incluso una gran “mutación antropológica”. Sin embargo, la salida, como el propio Wieviorka (2020) sugiere, depende de las condiciones sociales y políticas que hay en cada país: se necesitan análisis para comprender la crisis de la pandemia en sus efectos diferenciados y no tanto especulaciones que estructuren y organicen el futuro.

Referencias

Agamben, G. (2020). “La invención de una pandemia”, Ficción de la razón, https://ficciondelarazon.org/2020/02/27/giorgio-agamben-la-invencion-de-una-epidemia/

Agamben, G. (2020b). “Contagio”, Ficción de la razón, https://ficciondelarazon.org/2020/03/11/giorgio-agamben-contagio/#more-5652

Alexander, J. C. (2019). Sociología Cultural. México: FLACSO.

Alexander, J. C. (2016). “Dramatic Intellectuals”, International Journal of Politics, Culture and Society. International Journal of Politics, Culture, and Society, 29(4), pp. 341–358. doi: 10.1007/s10767-016-9240-8.

Alexander, J. C. (2006). The Civil Sphere. Oxford: Oxford University Press.

Arteaga, N. y Cardona, L. A. (2020). La significación intelectual de la pandemia Covid-19, Sociológica, [en prensa].

Badiou, A. (2020). “On the Epidemic Situation”, Verso, https://www.versobooks.com/blogs/4608-on-the-epidemic-situation

Butler, J. (2020). “Capitalism has its Limits”, Verso, https://www.versobooks.com/blogs/4603-capitalism-has-its-limits

Cardona, L. A. y Arteaga N. (2020). “La disputa por el acoso en la esfera civil: #Metoo y la Une autre parole”, Revista Noésis, 29 58-1 [en prensa].

Douglas, M. (1966). Purity and Danger. London: Routledge and Keegan Paul.

Gray, J. (2020). “Adiós a la Globalización, Empieza un Mundo Nuevo”, El País, https://elpais.com/ideas/2020-04-11/adios-globalizacion-empieza-un-mundo-nuevo.html

Han, B.-C. (2020). “La Emergencia Viral y el Mundo del Mañana”, El País, https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

Harvey, D. (2020). “Política Anticapitalista en la era del Covid-19”, Revista de Frente, http://revistadefrente.cl/politicas-anticapitalistas-en-la-era-del-covid-19-del-geografo-marxista-david-harvey/?fbclid=IwAR2elGgh48quz3tlpEkNQ-19M9MW5GhGYevZyMC1uS1JSPS9lGGWIOkjd5Y

Lipovestky, G. (2020). “No creo en Cambios tras Crisis”, El Universal, https://www.eluniversal.com.mx/cultura/confabulario/coronavirus-gilles-lipovetsky-no-cree-en-cambios-tras-crisis

Latour, B. (2020). “Is this a Dress Rehearsal”, Critical Inquiry, https://critinq.wordpress.com/2020/03/26/is-this-a-dress-rehearsal/

Maffesoli, M. (2020). “La Crise du Coronavirus or le Grand Retour de Tragique”, Figaro Vox, https://www.lefigaro.fr/vox/societe/michel-maffesoli-la-crise-du-coronavirus-ou-le-grand-retour-du-tragique-20200323

Mbembe, A. (2020). “Post Covid-19: Will be the same After Pandemic?”. https://aldianews.com/articles/culture/social/post-covid-19-will-we-be-same-after-pandemic/58120

Nancy, J.-L. (2020). “Excepción Viral”, Ficción de la Razón, https://ficciondelarazon.org/2020/02/28/jean-luc-nancy-excepcion-viral/

OMS (2019). A World at Risk. Annual report on global preparedness for Health emergencies. Global Preparedness Monitoring Board. Global Preparedness Monitoring Board.

Taussig, M. (2020). “Would a Shaman Help?”, Critical Inquiry, https://critinq.wordpress.com/2020/03/

Ramos Torre, R. (2012). “Sociología del mal y teodicea en las formas elementales de la vida religiosa de E. Durkheim”, Politica y Sociedad, 49(2), pp. 223–240. doi: 10.5209/rev_poso.2012.v49.n2.38415.

Spillman, L. (2020). What is Cultural Sociology? Cambridge: Polity.

Weber, M. (1984). Ensayos sobre Solciología de la Religón, Madrid: Taurus.

Wieviorka, M. (2020). “Las ideas sencillas y nuestro futuro”, La Vanguardia, https://www.lavanguardia.com/opinion/20200516/481163465729/las-ideas-sencillas-y-nuestro-futuro.html

Žižek, S. (2020). “El Coronavirus es un golpe al Capitalismo a lo ‘Kill Bill’ que podría reinventar el Comunismo”, RT, https://www.rt.com/op-ed/481831-coronavirus-kill-bill-capitalism-communism/

[1] BBC News (2020) Coronavirus en China: quién era Li Wenliagn, el doctor que trató de alertar sobre el brote (y cuya muerte causa indignación). Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51371640. Consultado el 1 de julio de 2020.

[2] Johns Hopkins University (2020) Covid-19. Dashboard by te Center for Systems Science and Energineering. Disponible en: https://cutt.ly/2oOPjDm. Consultado el 5 de julio del 2020.

[3] Flightradas (2020) Then and now: visualizing Covid-19’s impact on air traffic. Disponible en: https://url2.cl/khC4M. Consultado el 1 de julio de 2020.

[4] Center for Disease Control and Prevention. Información básica sobre el SRAS. Disponible en: https://www.cdc.gov/sars/about/fs-sars-sp.html. Consultado el 1 de julio de 2020; OPS (2019) Coronavirus causante del Síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV). Disponible en: https://www.who.int/features/qa/mers-cov/es/. Consultado el 1 de julio de 2020.

[5] OPS (2020) La OMS caracteriza a COVID – como una pandemia. Disponible en: https://url2.cl/XYW6w. Consultado el 1 de julio de 2020.

[6] El Universal (2020) España: rebasa casos capacidad de hospitales. Disponible en: https://url2.cl/zSyg5. Consultado el 1 de julio de 2020; BBC (2020) Coronavirus en Italia I “La sala de emergencia se está derrumbando”: la dramática situación que deben enfrentar los médicos que atienen a pacientes con Covid-19 en el país europero. Disponible en https://www.bbc.com/mundo/noticias-51919561. Consultado el 1 de julio de 2020.

[7] Crónica Global (2020) Una anciana muere de coronavirus tras ceder su respirador a un joven. Disponible en https://url2.cl/FmFN6. Consultado el 1 de julio de 2020. El debate sobre este tema también tuvo lugar en México hacia el mes de abril cuando en una primera versión de la Guía de Bioética para atención de casos de Covid-19 se establecía prioridad a los jóvenes. El debate que trascendió a medios de comunicación, incentivo la revisión y adecuación de criterios. Ver: Aristegui Noticias (2020) Darán a jóvenes ventilador y no a adulto mayor, en caso de que haya que elegir: Guía de bioética. Dispoible en: https://url2.cl/BrgWc. Consultado el 1 de julio de 2020; o Infobae (2020) Coronavirus en México: la dificultad de presentar una Guía de Bioética ante un carente sistema de salud. Disponible en https://url2.cl/uustx. Consultado el 1 de julio de 2020.

[8] Alcocer, Jorge (2020) Intervención durante la coneferencia de prensa sobre Covid-19 en México. Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=1a86UDjdpdQ. Consultado el 1 de julio de 2020.

[9] Otros países optaron por una estrategia denominada “Inmunidad de rebaño” con las que se buscaba exponer al mayor número de personas al contagio con miras a elevar la inmunidad. La estrategia fue adoptada inicialmente por países como Reino Unido o Suecia.

[10] Dinamarca, Bélgica, Noruega, Eslovenia, El Salvador, Argentina, Perú, Ruanda, Jordania, Líbano, Polonia, Grecia, Nueva Zelanda, Malasia, Australia, República Dominicana, Túnez, Sudáfrica, India, Bolivia, Bangladesh, Estados Unidos (en cuenta Puerto Rico), Alemania, Brasil, Irlanda, República Checa, Pakistán, Canadá, Uzbekistán, Ecuador, Países Bajos, Egipto y México. Ver: ED Economía Digital (2020) Emergencia mundial: ¿En qué países se ha ordenado el confinamiento? Disponible en https://url2.cl/wZwxi. Consultado el 1 de julio de 2020.

Ver conferencia

Te puede interesar

Latinidades- Foro Latinoamericano de Estudios Fronterizos
Convocatorias
0 veces compartido32 vistas
Convocatorias
0 veces compartido32 vistas

Latinidades- Foro Latinoamericano de Estudios Fronterizos

Laura Gutiérrez - Ago 03, 2020

Latinidades - Foro Latinoamericano de Estudios Fronterizos: cultura, arte, literatura y educación 22-24 de septiembre de 2020. Modalidad en línea…

Cuadernos de la pandemia | Oaxaca
Publicaciones
0 veces compartido45 vistas
Publicaciones
0 veces compartido45 vistas

Cuadernos de la pandemia | Oaxaca

Laura Gutiérrez - Ago 03, 2020

Escribir y reflexionar sobre la pandemia. Escribir sobre los efectos e impactos que en todos los ámbitos del quehacer individual…

COVID-19 Global Science Portal
Noticias
0 veces compartido25 vistas
Noticias
0 veces compartido25 vistas

COVID-19 Global Science Portal

Laura Gutiérrez - Ago 03, 2020

International Science Council COVID-19 Global Science Portal The portal shares scientific commentary and analysis and provides access to information on…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.