CONSEJO MEXICANO DE CIENCIAS SOCIALES

Ichan Tecolotl, núm. 380

Ichan Tecolotl
Año 35, Número 380 (febrero 2024)
Escuchar las voces: La lucha por los derechos lingüísticos en tiempos globales
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Presentación
Emiliana Cruz Cruz
CIESAS Ciudad de México

Para Maricela

Una vez caminando en mi pueblo, Cieneguilla, San Juan Quiahije, me topé con una niña como de catorce años, ella lucía un hermoso vestido azul de satín, la parte de la blusa estaba adornada con encajes blancos y la parte de la falda era de tablones. Esta moda de las mujeres chatinas de Quiahije le añade más color a este pueblo. La joven de vestido azul se me acercó para saludarme con mucha confianza, como si nos conociéramos, pero yo no ubicaba a su familia. Además, no vivo en el pueblo y eso hace que a veces no me acuerde de las personas, sobre todo de los jóvenes. Me preguntó naK tsaG neC?, “¿a dónde vas?”. Le respondí loA kchinI tiA reC, “ando rondando en el pueblo”. No tenía yo un rumbo en particular, que solo andaba caminando. Mientras caminábamos hacia la dirección de ella, me fue preguntando muchas cosas, desde mi edad, hasta dónde trabajaba y cuánto ganaba en mi trabajo, igual tenía curiosidad de si hablaba yo otras lenguas aparte del chatino y cuáles, y además quería saber si yo conocía Estados Unidos y si tenía visa para ir y venir de ese lugar. ¡No podía yo creer que estaba siendo interrogada por esta joven! Respondí a todas sus preguntas, aunque debo de confesar que unas eran un poco incómodas, más bien casi todas lo eran, pero le respondí. Después de su interrogatorio sentí que me tocaba interrogarla, lo vi justo. Igual que ella, tenía curiosidad sobre quién era esta niña que portaba ese bonito vestido, sobre todo estaba intrigada de su inteligencia y su seguridad personal, ¿cómo logró que yo le respondiera hasta cuánto ganaba en mi trabajo? Claro, no le iba yo a preguntar ni la mitad de las preguntas incomodas que me hizo, información que le di. Le pregunté “¿tú cuántas lenguas hablas?” Para mi sorpresa, me dijo que ella hablaba chatino y que solo le gustaba hablar chatino. Siguió elaborando su justificación: “cuando hablo chatino las palabras salen suaves, solitas salen de mi boca y cuando hablo español la lengua se me pone tiesa, las palabras no salen fluidas como cuando hablo chatino”. Estaba intimidada por esta niña. Igual me contó que vivía con su abuela porque su mamá estaba en los Estados Unidos y que le llamaba de vez en cuando por teléfono. Dijo que la mamá siempre le recomendaba que estudiara y que aprendiera español, pero que ella le decía a su madre que le gusta más hablar el chatino. ¿Acaso esta niña estaba diciéndome lo que yo quería escuchar? No lo sé, pero ya estaba yo sospechando de ella, especialmente porque me decía cosas que yo quería escuchar de los niños, me conmueve escuchar que los niños aman su lengua. Seguimos caminando, esta niña de vestido azul me dio esperanzas sobre la juventud de este pueblo. Se nos acercaron unos perros que se veían muy felices moviendo la cola: eran sus perros, ya habíamos llegado a su casa. Ahí nos despedimos. Seguí caminando y me quedé pensando esa conversación con la niña. Me pregunté ¿cuál será el futuro de ella, irá a la universidad? O ¿migrará a los Estados Unidos después de la secundaria como lo hacen la mayoría de los jóvenes de este pueblo? Así le hizo mi amiguita Maricela, con su espíritu de chatina aventurera se fue a probar suerte a los Estados Unidos, pero no logró llegar a su destino. Desafortunadamente ella murió en la frontera. Su muerte me dolió mucho, fuimos muy buenas amigas, compartimos muchos veranos caminando en las veredas de Quiahije, le gustaban las plantas, una vez se subió a un árbol alto para bajar una orquídea, después le costó mucho trabajo bajarse, pero al final lo logró. Yo quería algo distinto para Maricela, quería que ella terminara sus estudios. Igual que la niña de vestido azul, Maricela amaba el chatino, muy alegre caminaba con un morral largo que le colgaba casi hasta las rodillas, adentro traía su cuaderno y lápiz, así llegaba a los talleres de chatino, la recuerdo con mucho cariño.

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Foto: Maricela Orocio García y Emiliana Cruz Cruz (2013)

Seguro usted se preguntará ¿qué tienen que ver estas historias con la introducción de este volumen? Las comunidades originarias son aventureras y curiosas, quieren conocer el mundo como cualquier persona, una muestra es la gente de Quiahije. Antes de que hubiera carretera iban a Oaxaca a comprar las cosas necesarias para la fiesta anual que es el 24 de junio. Por supuesto que ahora andan en diferentes ciudades de los Estados Unidos y están organizados. Por ejemplo, los migrantes apoyan a las actividades y festividades del pueblo, los hombres regresan a hacer su cargo en el gobierno local cuando es su turno, igualmente la gente del pueblo pide por el bienestar de los migrantes. En este volumen se planeó visibilizar los proyectos de documentación lingüística realizados en colaboración, incluyendo proyectos en las comunidades originarias y las comunidades en diáspora. Se incluyen artículos sobre las siguientes lenguas: q’anjob’al, ayuujk, chatino, mixteco, guaraní, cucapá y tsotsil. Para que las lenguas perduren no basta que se hagan proyectos de lingüística: se tienen que visibilizar en todos los ámbitos, en los medios de comunicación, en las artes, en las escuelas. En este volumen hay tres artículos que hablan sobre la importancia del arte para visibilizar las lenguas, esto lo describe Andrea Torres García en la entrevista que le hace a la cineasta chatina Yolanda Cruz. Yolanda se ha enfocado en tratar temas sobre migración indígena, en especial sobre la migración del estado de Oaxaca a los Estados Unidos, y su interés es el de contar las historias de las personas. En algunos de sus documentales las personas comparten sobre lo difícil que es la vida lejos de la familia, vivir en un país donde puede que te quiten a tus hijos, donde te puedan deportar, donde la gente se arriesga a esto para poder ganar algo de dinero. Las historias del cine de Yolanda son una muestra de que el cine es una herramienta poderosa que empuja a mostrar otros rostros y a conocer otras historias. En particular el cine que presenta Yolanda se abre a la participación de una comunidad. Igual tenemos el trabajo de Margarita Martínez Pérez, quien nos muestra las posibilidades de la fotografía para la documentación lingüística comunitaria de la lengua tsotsil. Para Margarita la fotografía está presente en las diferentes actividades que realiza, incluyendo las que realiza con niños, mujeres, jóvenes. Dice que la fotografía es para documentar la memoria colectiva y el patrimonio histórico comunitario. También el artículo de Celeste Escobar nos muestra una forma muy creativa para la documentación sobre los saberes ancestrales de tres comunidades de habla guaraní, en este caso el arte de la alfarería.

El volumen también incluye tres proyectos sobre derechos lingüísticos y colaboración con las comunidades migrantes en los Estados Unidos. El artículo de Odilia Romero describe el proyecto CIELO, una organización que está dedicada a defender los derechos lingüísticos de los y las migrantes que hablan una lengua indígena, proveen información y dan servicio de interpretación. Odilia habla sobre su propia experiencia siendo traductora de zapoteco, español e inglés. Por su parte, el proyecto MILPA es un proyecto de colaboración lingüística que construye puentes entre un colectivo formado por miembros de las comunidades comprometidas con el activismo lingüístico, y lingüistas de la Universidad de California, Santa Bárbara (UCSB). MILPA fue creado en el 2015 cuando el Proyecto de Organización Comunitaria Mixteco/Indígena (MICOP) en Oxnard propuso trabajar con algunos lingüistas de UCSB para documentar las lenguas de algunas comunidades migrantes de esa área. El proyecto MILPA nace con la intención de documentar e impulsar un proyecto lingüístico que sirva a la comunidad de habla, y para poder avanzar con los estudios de las lenguas mixtecas y otras lenguas de Mesoamérica ahí presentes. Korinta Maldonado describe el proyecto maya q’anjob’al, Pixan Konob’ impulsado por un grupo de jóvenes mayas que residen en Champaign, Illinois. Se trata de un proyecto muy similar a los otros aquí descritos, pero tiene su propio proceso y estructura organizativa. En este proyecto se realizan diferentes actividades lingüísticas usando los medios sociales. Korinta describe cómo este colectivo lucha por la reivindicación de los derechos lingüísticos de los pueblos mayas desplazados de sus territorios de origen, y ahora parte de la diáspora en Estados Unidos.

Hay dos artículos que hablan directamente sobre talleres de literacidad y escritura en comunidades de origen. Isaura de los Santos Mendoza nos describe en su artículo talleres que ha organizado en su comunidad de San Miguel Panixtlahuaca, un pueblo chatino. Este proyecto se enfoca en la enseñanza de la lectoescritura a niños de diferentes edades, para fortalecer la lengua chatina desde temprana edad. El artículo de Octavio León Vázquez describe su proyecto de lecto-escritura en su comunidad Yucuquimi de Ocampo, un pueblo mixteco localizado en el noroeste del estado de Oaxaca. Desde el 2013 viene dando talleres con jóvenes de su comunidad, y el artículo describe los avances que ha tenido, incluyendo algunos retos.

Eduardo Garduño nos da la oportunidad de leer una entrevista que le hizo a Aronia Wilson Tambo†, una mujer cucapá de San Luis Río Colorado, Sonora. En la entrevista Aronia describe su historia familiar y la de su comunidad. Finalmente, el artículo de Yásnaya Elena A. Gil y Tonantzin Indira Díaz Robles nos invita a ir generando una lingüística documental comunitaria y que esto esté ligado a la autonomía y libre determinación de nuestros pueblos originarios, para que nuestros comunalectos no mueran.

Cada uno de estos autores describe sus proyectos en defensa de los derechos lingüísticos de los pueblos originarios. Los autores aquí reunidos nos comparten los buenos resultados cuando hay colaboración, y también nos muestran los retos que enfrentaron en sus investigaciones. A pesar de que estos proyectos se desarrollan con perspectivas de inclusión y colaboración, todavía nos hace falta mejorar los mecanismos para hacer una documentación lingüística dirigida a las comunidades, incluyendo archivos para salvaguardar los materiales de documentación (A. Gil y Díaz, en este volumen).

Proteger los derechos lingüísticos es también luchar por la libre determinación de los pueblos originarios, por tener una educación de calidad, por la autonomía y por los derechos de las mujeres y hombres. Las lenguas originarias son parte de esta demanda. Invitamos a las personas que lean este dossier a adentrarse en el conocimiento de las luchas y resistencias lingüísticas que los pueblos originarios están dando en distintas regiones del territorio mexicano y en la diáspora.

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