CONSEJO MEXICANO DE CIENCIAS SOCIALES

Acoso ¿Denuncia legítima o victimización?

Marta Lamas
Portada

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No existe en el mundo nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo.1Hoy esa idea, que moviliza a millones de mujeres, es ¡basta de acoso! El acoso sexual es repugnante, pero no todas las denuncias que se hacen pueden considerarse acoso; algunas nombran “acoso” a usos y costumbres culturales, como el piropo, incluso a prácticas tipo quid pro quo.2 Hoy en día muchísimas mujeres que denuncian acoso sexual canalizan así el malestar y la indignación que les provocan prácticas machistas, agresivas o discriminatorias. Ese ¡basta ya! en realidad es ¡basta ya de desigualdad, basta ya de doble moral, basta ya de discriminación, basta ya de machismo! Así el discurso hegemónico sobre el acoso reduce, en el significante “acoso”, la complejidad de un contexto violento, desigual y explotador.

¿Por qué hoy se habla mucho más que antes de acoso sexual, y qué es lo que en el fondo se está diciendo? ¿Cuáles son los efectos de poder inducidos por la retórica del acoso? ¿Qué relación existe entre el discurso hegemónico sobre el acoso y las prácticas calificadas de acoso? Un discurso no es un texto sino, como ha señalado Foucault, una estructura histórica, social e institucionalmente específica de enunciados, categorías, creencias y términos. El discurso actual sobre el acoso tiene una historia, y para entenderla me interesa rescatar la memoria de quienes hablaron antes de acoso sexual, cómo lo hicieron y qué creencias se formaron desde sus palabras. Esta historia se ubica en el proceso que Bolívar Echeverría (2008) calificó de la “americanización de la modernidad”. La hegemonía en el discurso sobre acoso la tienen las dominance feminists3 estadunidenses, que han insertado su perspectiva en el debate a nivel mundial tal como Echeverría señala que ha ocurrido en otros campos. Para este filósofo, la tendencia principal de desarrollo en el conjunto de la vida económica, social y política es la que impone Estados Unidos. Según Echeverría, la americanización de la modernidad durante el siglo XX es un fenómeno general: no hay un solo rasgo de la vida civilizada de ese siglo que no presente de una manera u otra una sobredeterminación en la que el “americanismo” o la identidad “americana” no haya puesto su marca. El rotundo papel que han tenido las teorizaciones y el activismo de esa tendencia de las feministas estadunidenses ha incidido de forma determinante en otras latitudes y, por razones geográficas, especialmente en nuestro país.

Ilustración: Belén García Monroy

Ilustración: Belén García Monroy

Existen múltiples feminismos, y también sus posturas respecto al acoso varían. Mi perspectiva abreva en la crítica que hace Elisabeth Badinter (2003) al estado actual de las relaciones entre mujeres y hombres y en el análisis de Janet Halley (2018) sobre las governance feminists. Estas feministas de la gobernanza, que participan en procesos locales y mundiales, en instancias como la ONU y las secretarías de Estado, y que trabajan desde ciertas ONG, han desarrollado sus intervenciones en la realpolitik desde una perspectiva que Halley (2006) califica de “una tríada”: la inocencia de las mujeres, el daño que sufren y la inmunidad de los hombres.4 En este texto rastreo el proceso que ha ido filtrando esa perspectiva y la forma en que dicha tríada está presente en el discurso hegemónico sobre el acoso sexual. Para ello me remonto al surgimiento de la lucha política contra el acoso sexual en el espacio laboral, cuyos antecedentes están en el activismo feminista estadunidense contra la violencia sexual como su impulsor inicial. Al recordar este fenómeno contrapongo la postura crítica de otra tendencia, que está preocupada por el avance indiscriminado de un discurso puritano y victimista. Este fenómeno se ha arraigado incluso en espacios donde se esperaría mayor conocimiento, como las universidades. También ahí el discurso del feminismo radical sobre el “acoso sexual” ha generado prácticas injustas y ha erosionado el debido proceso. Esto ha despertado gran inquietud y malestar, y ya han surgido agudos cuestionamientos, especialmente del profesorado, sobre los procesos internos de manejo del problema en los campus. El debate, además de fundamentado, es crucial, pues en él se defienden la presunción de inocencia y se ponen en evidencia nefastas consecuencias tales como acusaciones falsas o exageradas.

Desde mi propuesta de analizar el discurso actual sobre acoso tomo la confrontación entre el #MeToo y la declaración de un grupo de francesas como eje de análisis. Tal oposición se ha interpretado como una expresión de la diferencia ancestral entre las valoraciones culturales francesas y estadunidenses respecto a las relaciones entre los hombres y las mujeres. Hace tiempo circula una representación del Viejo Mundo (Historia, experiencia y alta cultura) opuesta a la del Nuevo Mundo (Dinero, frivolidad y ausencia de refinamiento), que promueve estereotipos: se ve a Francia como la nación donde se valora la seducción y el juego del amor, y a Estados Unidos como un país donde impera el puritanismo. Es evidente que ambas naciones difieren respecto a las valoraciones que otorgan a la conducta sexual, a la vida privada y a las responsabilidades públicas. En Francia, por ejemplo, Mitterand mantuvo una relación extramarital siendo presidente, e incluso procreó a una hija a la que visitaba, mientras que en Estados Unidos cualquier político que hubiera hecho lo mismo habría sido exhibido como un adúltero y habría tenido que renunciar a su cargo. Sin embargo, y pese a esa diferencia, en ambos países, justo por la “americanización” que señala Echeverría, las llamadas “guerras en torno a la sexualidad” (Sex Wars) se han replicado en Francia y ahí también las feministas están posicionadas en uno de los dos bandos que han dividido al movimiento feminista en varios países.

Como en estas páginas me interesa precisar el “hecho discursivo” que actualmente hay sobre el acoso, pretendo analizar la reacción negativa que suscitó esa declaración del grupo de francesas. Pero ¿qué tienen que ver esos hechos con la realidad mexicana? Creo que, a pesar de enormes diferencias, mucho. El 18 de enero de 2018, una semana después de la publicación de dicho texto, hubo una mesa de debate sobre acoso en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, titulada “Del silencio al estruendo”.5 En su intervención, una de las participantes, Marta Ferreyra (2018), señaló:

A raíz del debate del #MeToo, tuve la ocasión de dialogar con la antropóloga argentina Rita Laura Segato, un referente teórico y del activismo de la lucha contra la violencia de género en América Latina. Me dijo varias veces lo mismo: “No es nuestro debate. No perdamos tiempo en esto”. Me impactó, porque como veremos más adelante, sí hay algunos elementos que creo debemos aprovechar para debatir.6

Coincido totalmente con Ferreyra. Aunque en México, y en América Latina, la violencia sexual y las distintas formas de acoso y abuso sexual son mucho más brutales y más cotidianas que en Estados Unidos y Francia, debemos aprovechar ciertos elementos de esos acontecimientos mediáticos para debatir, pues algo que nos atraviesa por igual, pese a los procesos y contextos diferentes, es la división entre feministas respecto a la perspectiva interpretativa del problema.

Aunque en estas páginas no documento la situación de acoso cotidiano que padecen mis conciudadanas, soy consciente de que lo que ocurre en México es muy grave, mucho más que lo que viven cotidianamente las estadunidenses y francesas. Aquí el acoso es más que una importunación torpe. María Teresa Priego (2018) cita a una joven que exclamó: “Ya quiero ver a la Deneuve caminando por Ecatepec”. También Priego relata el caso de otra joven que se cortó el cabello y anda con una chamarra grande para pasar desapercibida, luego que una de sus mejores amigas fuera asesinada en el Estado de México. Sí, el contexto machista y violento en México es aterrador, pero en estas páginas de momento pondré esa preocupación a un lado para concentrarme en un análisis específico: me interesa rastrear el fenómeno de cómo la batalla en contra del acoso sexual, que se inició por feministas, con el tiempo ha dividido a las propias feministas. En ese sentido, me centro en el discurso social sobre el acoso, y en la forma en que ciertas ideas feministas prenden en el imaginario social pero, al mismo tiempo, mutan y son usadas por fuerzas políticas lejanas al feminismo.

Luego de recordar algunos aspectos de la disputa cultural entre Francia y Estados Unidos abordo los recientes escándalos de mexicanas del mundo del espectáculo, que sin duda también están cruzados por la “americanización” del debate. Reviso las definiciones de “acoso”, abuso sexual y hostigamiento en nuestras leyes y retomo algunos datos disponibles de las denuncias, sentencias y consignaciones para hacer un esbozo de la situación nacional. No profundizaré en casos específicos, pues mi objetivo es analizar el discurso social, pero ello no me impide ver que la situación nacional es terrible, como lo constatan todo el tiempo desgarradoras noticias, y como lo escucho de mis alumnas cuando me comparten sus desagradables experiencias cotidianas.

Interpreto el discurso hegemónico sobre acoso como una expresión emergente de una problemática que, aunque ha existido siempre, hoy en día va acompañada de controversias políticas, mediáticas y jurídicas. Para reflexionar sobre una de las formas actuales que toma la ya antigua “guerra entre los sexos” tomo en cuenta la lúcida reflexión sobre el abuso sexual de Duncan Kennedy (2016) que ofrece claves interpretativas importantes. Ante la fuerza cultural que en nuestra sociedad tiene la erotización de la dominación, y convencido de que el sexismo nos afecta a todas las personas,7 Kennedy analiza el persistente conflicto de interés entre mujeres y hombres desde un marco que alienta a construir otro tipo de relaciones placenteras.

Indudablemente que existe una urgencia ética para enfrentar el acoso sexual, en cualquiera de sus formas, pero junto a dicha urgencia existe la imperiosa necesidad de comprender sus causas y también de interpretar correctamente lo que el discurso hegemónico está manifestando y produciendo. Precisamente entre los efectos de poder que Foucault busca en las creencias y prácticas sexuales hoy destacan el victimismo y el mujerismo que articulan el discurso sobre el acoso. Doy una breve explicación sobre en qué consisten el mujerismo y el victimismo, para adentrarme en el fenómeno de la amnesia social (Jacoby 1977), una dinámica sociopolítica que elimina la memoria y dificulta comprender lo que nos está pasando. Por último, reconozco la rabia que legítimamente expresan muchas personas en la actualidad, y también la inquietud que expresan activistas, académicas y personas expertas en el tema por los efectos negativos que está produciendo el discurso hegemónico sobre acoso. Cada día aparecen nuevos casos de injusticias: difamaciones, persecuciones mediáticas y despidos. Algunas personas denuncian de forma equivocada, y otras lo hacen con mala intención. Esto amerita un análisis que instale una conciencia más certera sobre qué es el acoso, y que deslinde apropiadamente conductas e intenciones, miradas y tocamientos, agresiones y torpezas. Espero que estas líneas colaboren a fortalecer una discusión seria dentro del feminismo y con nuestros aliados sobre qué discursos y qué prácticas realmente son emancipadores y cuáles, finalmente, son tropiezos, pasos en falso o errores.

Bibliografía

Badinter, Elisabeth, Fausse route, París, Odile Jacob. Hay traducción por el FCE: Hombres/Mujeres. Cómo salir del camino equivocado, Buenos Aires, 2003.

Crenshaw, Kimberlé, “Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics and Violence Against Women of Color”, en After Identity: A Reader in Law and Cultur, editado por Dan Danielsen y Karen Engle, Routledge, New York, 1995.

Echeverría, Bolívar, “La modernidad americana. Claves para su comprensión”, en La americanización de la modernidad, compilado por B. Echeverría, México, Era/UNAM, 2008.

Ferreyra, Marta, “Crecer después de la tormenta”, en El Cultural, México, 2 de febrero, 2018.

Grabham, Emily, Davina Cooper, Jane Krisnadas y Didi Herman, Intersectionality and Beyond, Routledge, UK, 2009.

Halley, Janet, Split Decisions. How and Why to Take a Break from Feminism, Princeton, Princeton University Press, 2006.

Halley, Janet, Prabha Kotiswaran, Hila Shamir y Chantal Thomas, “From the International to the Local in Feminist Legal Responses to Rape, Prostitution/Sex Work, and Sex Trafficking: Four Studies in Contemporary Governance Feminism”, en Harvard Journal of Law and Gender, vol. 29, 2006, pp. 336-423.

Halley, Janet, Prabha Kotiswaran, Rachel Rebouché e Hila Shamir, Governance Feminism. An Introduction, University of Minnesota Press, 2018.

Jacoby, Russell, La amnesia social, Barcelona, Bosch Casa Editorial, 1977.

Kennedy, Duncan, Acoso sexual y vestimenta sexy, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2016.

McCall, Leslie, “The Complexity of Intersectionality”, en Signs. Journal of Women in Culture and Society, vol. 30, núm. 3, Chicago, 2005.

Priego, María Teresa, “¿Cómo marchar juntas?”, en La silla rota, 16 de enero 2018.

Marta Lamas
Antropóloga, investigadora titular del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores de Conacyt nivel II. Integrante del Comité Editorial de Antropología del Fondo de Cultura Económica y de la Asamblea Consultiva del Conapred. Tiene ocho libros y más de 100 ensayos académicos publicados. Su libro más reciente es Acoso. Denuncia legítima o victimización.

Este texto es un fragmento del libro Acoso. Denuncia legítima o victimización (FCE), que empezará a circular en estos días.


1 Esta frase la expresó, un tanto distinta, Víctor Hugo: “Ningún ejército puede detener una idea a la que le ha llegado su momento”. Años después Alfred North Whitehead la reformuló: “Nadie puede enfrentar una idea cuyo tiempo ha llegado”.

2 Esta expresión en latín alude a que cierta cosa se sustituye con o se intercambia por otra equivalente.

3 A las feministas de la dominación también se las llama feministas radicales. Mantengo el término en inglés a lo largo del texto como un recordatorio de que el origen del discurso hegemónico sobre acoso y violencia sexual viene de esta tendencia feminista estadunidense.

4 Halley dice: femenine innocence/femenine injury/ masculine inmunity. Véase Halley 2006.

5 La organizó y coordinó Sara Sefchovich, y participaron, además de la propia Sefchovich, feministas de distintas edades y adscripciones institucionales: Marta Ferreyra, Luz Jiménez Portillo, Lucía Núñez, Cecilia Soto y Susana Vidales.

6 Se publicó en el suplemento cultural del periódico La Razón. Véase Ferreyra 2018.

7 Obvio que nos afecta de distintas maneras, según la clase social, la condición étnica, la edad, la orientación sexual y otros determinantes. De ahí que sea tan necesario utilizar una perspectiva interseccional para analizar las expresiones calificadas de acoso, así como para hacerlo con cualquier otra expresión de la conducta humana. Véase Crenshaw 1995; McCall 2005; Grabham et al. 2009.

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