Sobre la Etnografía virtual: recurso para entender los nuevos procesos de investigación requeridos en el mundo actual


About Virtual Ethnography: a resource to understand the new research processes required in today's world


Oscar Gustavo Chanona Pérez1 y Rodrigo Franco Herrera2


Resumen: Los actuales contextos sociales han experimentado transformaciones debido a la incorporación de la tecnología en la vida cotidiana; y esto trae consigo la necesidad de entender la realidad desde nuevas perspectivas. Entonces, el trabajo académico se ha dado a la tarea de proponer metodologías que permitan acercarse al objeto de estudio de la forma más natural y objetiva posible. Es así como surge la etnografía virtual, un método que nos permite aproximarnos a los espacios virtuales, para investigar y entender las nuevas relaciones sociales que subyacen en las interacciones y prácticas de los usuarios de plataformas de internet.


Abstract: The current social contexts have undergone transformations due to the incorporation of technology in everyday life; and this brings with it the need to understand reality from new perspectives. Then, academic work has been given the task of proposing methodologies that allow approaching the object of study in the most natural and objective way possible. This is how virtual ethnography emerges, a method that allows us to approach virtual spaces, to investigate and understand the new social relationships that underlie the interactions and practices of users of internet platforms.


Palabras clave: Facebook; etnografía virtual; metodología, ciberespacio


Introducción

Muchas transformaciones sociales se han venido generando debido al uso de la tecnología y sus diversas herramientas en la vida cotidiana. Así, el uso de internet ya no es sólo un apoyo o facilitador de actividades; sino que se ha convertido en una necesidad para la sociedad porque hoy en día, todos recurrimos a internet para resolver diferentes situaciones; desde la realización


1 Profesor-investigador adscrito a la Facultad de Lenguas Campus Tuxtla. Docente en los programas de licenciatura en la enseñanza de inglés, Maestría en didáctica de las lenguas y Doctorado en Estudios Regionales en la academia de cultura, comunicación e historia.

2 Estudiante del Doctorado en Estudios Regionales de la UNACH.

de un trámite burocrático hasta proporcionarnos elementos de entretenimiento. Por ello, conocer qué sucede en torno al uso de internet y de herramientas tecnológicas es un tema de suma importancia, sobre todo si centramos nuestro interés en el impacto que esto ha generado en las relaciones sociales entre los individuos.

Estas transformaciones de la vida social, han igualmente orientado las inquietudes e intereses del mundo académico, por lo que no puede pasarse por alto el hecho de que esto ha llevado a reconsiderar propuestas epistemológicas y metodológicas para comprender la situación social actual. Así, en este trabajo presentamos una discusión teórico conceptual sobre la etnografía virtual, una metodología que está ganando terreno en el área de ciencias sociales y humanidades debido a esos cambios tan significativos que los humanos seguimos experimentando en nuestras vidas por los aportes tecnológicos.

En esta discusión, primero abordamos cómo está desarrollándose la investigación articulada en este método, con el propósito de entender que las miradas y aproximaciones pueden ser variadas, en virtud de la diversidad misma de la vida social. Sin embargo, es relevante establecer que hay patrones referenciales de acción en el desarrollo de ese camino de investigación. Ahora bien, los diferentes trabajos que aquí se revisan coinciden en recomendar a la etnografía virtual como el método adecuado para acercarse al fenómeno de la tecnología como un boom social actual.

Luego, nuestra exposición se centra en la ruta de la etnografía, es decir, sobre cómo ha sido el cambio de la etnografía tradicional a la virtual; y de qué manera ésta última es constituida, así como sus implicaciones al momento de investigar. Además, en esta discusión, señalamos algunas particularidades que son atribuidas y desarrolladas por cada investigador para que su uso sea mejor enfocado en lo que cada objeto de estudio requiere.

En seguida, centramos nuestra mirada en la aceptación que este método ha tenido en nuestro país y, sin un propósito exhaustivo, comentamos algunos trabajos que abordan esta metodología en México cuyos espacios sociales han cambiado y demandan de las ciencias sociales nuevas perspectivas para su estudio. Si bien la etnografía tradicional ha tenido un largo andar en nuestro país, el hecho de encontrarnos ahora con esos espacios virtuales y sociales, nos lleva a admitir nuevas formas de generar conocimiento específico, evitando seguir por costumbre los métodos comunes que, si bien no son una opción desdeñable, quedan con frecuencia limitados

frente a las diferentes realidades e interacciones a través de lo virtual. Finalmente presentamos algunas consideraciones sobre el futuro de la etnografía virtual, preponderando que, si bien se augura un éxito y mejor posicionamiento, requerirá disciplina y rigor académico al momento de aplicarla.


La etnografía virtual como elemento de acción investigativa

Cuando el interés de una investigación se sitúa en un espacio socio virtual, uno de los caminos para acercarse al objeto de estudio, es la etnografía virtual. Este método de investigación nos permite un acercamiento a los nuevos entornos sociales vinculados con los aportes tecnológicos que han impactado la vida cotidiana de las personas. Desde su perspectiva, podemos ir entendiendo cómo la sociedad se adecúa a todo lo que surge día con día. Luego entonces, los entornos sociales del mundo moderno requieren desarrollar nuevas herramientas de investigación

–o evolucionar las existentes- que permitan un mejor acercamiento al objeto de estudio a través de una nueva teorización y de metodologías que se adecuen al mismo. Por ello, las condiciones de nuevos espacios sociales y nuevos procesos de sociabilización han llevado a generar formas propias de acercarse al entendimiento de los vínculos entre la realidad y la virtualidad; y el impacto social que generan los actuales entornos digitales.

De esta forma es como la etnografía virtual ha ido ganando terreno en la investigación académica. Gálvez (2004), asevera que, desde que los entornos virtuales irrumpieron en la vida cotidiana, aparecieron estudios que exploran los tipos y las modalidades de las interacciones que se desarrollan en los mismos. Desde su posición, Gálvez (2004) considera que estos estudios se dividen en dos grupos: uno constituido por autores que buscan clarificar las limitaciones que los entornos virtuales introducen en la interacción, donde siempre el punto de partida es la riqueza del ‘cara-a-cara’ y lo complejas que son las relaciones presenciales. El segundo grupo de estudios se enfoca en entender cómo los entornos virtuales son un campo nuevo de exploración para el pensamiento y análisis social, como una nueva forma de expresar las interacciones, donde más que limitar, complementa los procesos.

Así, en la escena de la investigación, existen diferentes textos y estudios que retoman esta metodología como elemento primordial para articular el desarrollo de los trabajos. Como sucede en otras modalidades metodológicas, las apreciaciones de los alcances de este método son

variadas. Al respecto, Ardèvol, Bertrán, Callén y Pérez (2003, p. 73) refiriendo a Mason (1999) establecen que “el interés por la etnografía virtual o en línea surge cuando el objetivo es no sólo estudiar los usos de Internet, sino también las prácticas sociales en línea; y de qué manera estas prácticas son significativas para la gente”. Por ello, comentamos brevemente algunos aportes que abordan temas desde la etnografía virtual en donde la postura de los autores deja en claro que este tipo de etnografía es primordial para entender el objeto de estudio porque está vinculado no sólo con espacios digitales sino con esas nuevas prácticas sociales.

Primero, vamos a mencionar el aporte de Daniel Domínguez (2007) intitulado “Sobre la intención de la etnografía virtual” quien analiza la constitución del núcleo de la etnografía virtual, viendo la forma de integrarlo con sentido y diferencias específicas respecto a otros métodos de corte cualitativo. Por ello, este autor discute sobre la constitución, su pertinencia, los principales objetivos y formas que este método ha desarrollado y aplicado para comprender el mundo virtual. A la par, se destaca el libro “La mediación tecnológica en la práctica etnográfica”, coordinado por Elisenda Ardèvol, Adolfo Estalella y Daniel Domínguez (2008), donde se reúnen diferentes textos que abordan a la etnografía virtual, dotándole de sentido en la práctica investigativa, así como de elementos teórico conceptuales que la colocan como un método en desarrollo y de oportuna necesidad para entender los espacios virtuales que día con día se vuelven más importantes.

Mosquera Villegas (2008) hace también un recorrido teórico conceptual sobre la etnografía virtual. Él describe el método desde sus orígenes y lo vincula con elementos sobresalientes en la investigación social. Además, resalta la importancia de la adaptación del método acorde a las exigencias que el ciberespacio y la cibersociedad requieren para un mejor entendimiento de los mismos; y retoma los conceptos básicos que componen a la etnografía virtual para la comprensión de las relaciones sociales a través de internet.

Otro aporte interesante es “Etnografía virtualizada: la observación participante y la entrevista semiestructurada en línea” de Elisenda Ardèvol, Marta Bertrán, Blanca Callén, Carmen Pérez (2003). En su obra, ellas se enfocan en las aproximaciones metodológicas a los entornos virtuales que adaptan de manera directa el método etnográfico hasta ahora seguido en el ámbito offline. Por ello, el análisis se hace después de realizar la investigación “Entre Mujeres en la Red: Un estudio sobre las interacciones sociales entre mujeres en espacios de conversación

electrónicos”, en donde se estudian relaciones de género en espacios de chat, además de la identidad de género y de las relaciones sociales. Con este trabajo, las autoras buscan entender la práctica etnográfica en contextos electrónicos y plantear la importancia metodológica de los aspectos reflexivos y de la construcción de la propia identidad como investigadoras durante el proceso de obtención y elaboración de datos.

Sin un afán de presentar un estado de arte del tema, ni un propósito exhaustivo, con estas aportaciones mencionadas queremos orientar al lector hacia obras en donde se discute y se destaca la importancia de por qué la etnografía virtual es una necesidad en el campo de las ciencias sociales, preponderando la situación social debido a la incorporación de la tecnología en su vida cotidiana y los procesos socioculturales que se ven reflejados en la virtualidad, dimensión que día a día es más notable en nuestra cotidianidad y sobre la cual discutimos enseguida.


Nuevos espacios y relaciones sociales: necesidad de una etnografía específica

La sociedad se encuentra en cambio constante gracias a la tecnología. Es indudable que actualmente hay una amplia inclusión de múltiples recursos tecnológicos en la cotidianidad que generan una nueva concepción de lo social. Lo queramos o no, nuestro día a día se articula cada vez más con respecto a la tecnología y sobre todo a las plataformas de internet. Así, la inclusión tecnológica en la vida cotidiana transforma el mundo, las TIC’s, “establecen transformaciones ecológicas en nuestro ámbito social y cotidiano (..) han contribuido a establecer cambios estructurales en muchas de las esferas de lo social –sin que esto signifique un determinismo tecnológico–” (Gómez, Arvizu, Galindo, 2005, p.160).

Constatamos hoy en día, que muchos aspectos de la vida se articulan alrededor de máquinas que pueden facilitarnos las tareas. Actualmente, utilizamos un despachador de gasolina, un controlador de estacionamiento, un despachador de dinero, entre otros muchos artefactos que pueden funcionar de manera independiente, es decir, sin la presencia de un humano que las haga funcionar. Ni hablar de la sofisticación de los teléfonos celulares, las tabletas y las computadoras portátiles, a través de los cuales es posible que organicemos nuestra agenda y resolvamos un sinfín de tareas sin necesidad de desplazarnos. Incluidas aquí las acciones de sociabilización entre personas quienes con mayor frecuencia están en un contacto más frecuente en el terreno de lo virtual que en el del espacio social físico.

De esta manera, el ser humano va adoptando y adaptando un sinfín de artefactos que luego le resultan indispensables en su entorno. Si bien estas herramientas o recursos tenían como propósito el facilitarle la vida, ellas han, en algunos casos, propiciado otra problemática social. De lo anterior, podemos constatar que, es un hecho innegable, el cambio en las relaciones humanas y que esto genera interacciones sociales muy particulares.

El mundo virtual permite una comunicación en paralelo, es decir, intercambio con personas que tenemos al alcance y con aquellas que se encuentran en la lejanía, en ciertas circunstancias, casi de manera simultánea. En el terreno de la educación hoy podemos completar la enseñanza con recursos didácticos que se colocan en distintas plataformas específicas. Sin duda, el ámbito de la diversión también se ha visto impactado porque los juegos y el entretenimiento no son ahora los mismos que en años pasados, etcétera. Luego entonces, muchos procesos sociales son adaptados -algunos incluso condicionados- al entorno tecnológico: “Las TICs han generado o acelerado una revolución de gran alcance en las sociedades actuales, la cual gira en torno a la transformación de los mecanismos de producción, almacenamiento, difusión y acceso informativo; en sus formas y flujos comunicativos” (Area & Pessoa, 2012, p. 14). En consecuencia, diversas actividades comunes de las personas, hoy en día se ven enmarcadas dentro de lo tecnológico, donde los consumos y las prácticas culturales, son de las actividades más recurrentes. Por ello, coincidimos con Raúl Trejo Delarbre (2001) en cuanto a que los nuevos recursos informáticos constituyen una oportunidad enorme para afianzar la presencia global de nuestros países al mismo tiempo que para enriquecernos con la cultura y la creación universales, donde hay nuevas (re)interpretaciones y (re)significaciones del mundo; y de las relaciones entre las personas.

En particular, el usuario de internet experimenta diferentes interacciones en las distintas plataformas dentro de la red. Igualmente encuentra muchísimos contenidos que puede relacionar y contrastar con su formación cultural, social, educativa, ideológica que constituyen sus capitales culturales y económicos reales. La navegación en la red, permite al usuario, por un lado, explorar nuevos entornos; y a la vez, por el otro, confrontar su mundo real con el mundo recreado en el ciberespacio. Luego entonces, la trayectoria sociocultural que cada usuario construye a lo largo de su vida en un espacio específico, es de suma importancia para entender cómo esa misma trayectoria determina la manera de aproximarse y desenvolverse en los espacios virtuales, porque

ella constituye una especie de filtro por el cual el individuo puede ir particularizando y seleccionando elementos acordes a sus intereses y/o necesidades. Es por ello que el mundo virtualizado no está desconectado del mundo real.

Luego entonces, introducirse como investigador en el mundo virtual requiere comprender un mundo que, si bien es paralelo a la realidad de cada sujeto, experimenta una (re)significación, porque su construcción no es ajena al mundo real cotidiano; ya que el mundo real es el que nutre de contenidos y significaciones lo virtual. En consecuencia, no es posible entender algo en lo virtual -salvo con elementos que son nativos del entorno ciberespacial- sin la contextualización y significaciones reales que cada usuario lleva consigo; y es esto lo que vuelve compleja la tarea del investigador y lo que nos ha llevado a incursionar por nuevos caminos de la etnografía.

Como parte de esta misma reflexión, Marisa Avogadro (2012) comenta que el ciberespacio tiene una interacción en dos direcciones, que son el tiempo real y el tiempo virtual. Esto genera ciberconsumidores y ciberciudadanos; accesibilidad diferente a ciertas oportunidades desde un aspecto grupal o individual, así como desde las diferentes oportunidades geográficas de vida: lo rural, lo virtual, el acceso a la educación, a los servicios asistenciales; al desarrollo científico-tecnológico. La tecnología ha traído consigo una revolución en las interacciones y formas de entender los procesos sociales, entonces, a través de la web se dan diversas situaciones que, si bien reproducen interacciones de la vida cotidiana en el ciberespacio, lo on line ha devenido una especie de estilo de vida que ha ido ganando terreno en las hábitos y acciones sociales:


Las interacciones con el medio on line están cada vez más generalizadas, cada vez más se desarrollan nuevas y creativas prácticas (…). Los medios de comunicación on line son, por supuesto, una gran parte de la sociedad y la cultura del mundo. Estos entrecruzan las vidas fuera del mundo virtual de los individuos, al igual que hacen con el funcionamiento de los grupos, organizaciones e instituciones (Dahlgren, 2011, p. 3).


Estas interacciones se gestan dentro de marcos específicos conocidos como comunidades virtuales en las cuales los integrantes comparten diferentes acciones y reacciones, basadas en intereses comunes. Al respecto consideramos que estas comunidades presentan características

específicas y por ello admitimos aquí la propuesta de Ruíz Torres (2004, pp. 124-125) quien enlista así las características básicas de las comunidades virtuales:

  1. Son comunidades desterritorializadas. No se comparte el territorio, pero se comparte el espacio virtual.

  2. La geografía es contingente pero no determinante. Existe una relación de correspondencia entre usuario y dispositivo electrónico, pero éstos no determinan la existencia de la comunidad, sino que se guía por pasiones y objetivos, problemas y empatías.

  3. Sus miembros son ubicuos y el conjunto es irrepresentable. Hay una identificación con la comunidad independientemente de donde se encuentre cada miembro, lo que propicia una dispersión de los integrantes pero que se unen por objetivos específicos.

  4. Los nuevos sistemas de comunicación digital imponen un ritmo diferente a los intercambios en las comunidades virtuales. Han surgido nuevas maneras de relacionarse (chats videollamadas, compartición de pantallas en tiempo real, etc.) e intercambios masivos de todo tipo de contenidos.

  5. La interacción social tiene poca inercia y suele carecer de lugares referenciales fijos.

    Es intermitente y poco predecible en tiempo y espacio la conexión de los participantes

  6. Los sujetos son anónimos y se presentan con identidades múltiples. Múltiples identidades se gestan y se dan situaciones que no permiten saber y/o identificar aspectos reales y concisos de quienes integran la comunidad.

Así, las comunidades virtuales son conjuntos humanos que pese a estar fijas y activas en el ciberespacio, se vinculan a un mundo real a través de las significaciones y contextos de sus participantes. Esta dualidad es la que el investigador, desde la etnografía virtual, tiene que hacer visible para describir y explicar los actuales fenómenos sociales. Por ende, entender estas nuevas acciones y situaciones sociales se ha vuelto una tarea que requiere atención interdisciplinaria. Desde los estudios antropológicos y sociales, hasta otras áreas como la pedagogía, la comunicación, la psicología, la misma informática, la lingüística, entre otras. No obstante, el proceder metodológico se centra en esta nueva forma de hacer etnografía. Es por ello, que enseguida hacemos una revisión más completa de lo que comprende la etnografía virtual para entender cómo se ha vuelto necesaria en el área de la investigación de las acciones y

comportamientos humanos.


La etnografía virtual y su manera de acercarse al fenómeno

Para entender cómo se desarrolla una investigación dentro de la perspectiva de la etnografía virtual, es necesario tener en cuenta que ésta toma sus bases en la etnografía tradicional de donde se retoman características importantes, que son llevadas a los ciberespacios; y que permiten conocer cómo es la incorporación y la interacción de los usuarios en esta dimensión.

La etnografía tradicional, sabemos, es aquella que logra acercarse al objeto de investigación de una forma que permite la inclusión -sin ser necesariamente participante- en el contexto donde se desenvuelven los sujetos de estudio: “La etnografía nos ofrece la promesa de poder acercamos a la comprensión de cómo las personas interpretan el mundo que las rodea o cómo organizan sus vidas” (Hine, 2000, p. 56). De acuerdo con Domínguez (2007) la etnografía da una mirada importante dentro de los marcos sociales, culturales y antropológicos de lo que hay detrás de cada sujeto y las conexiones sociales que realiza; y lo hace haciendo referencia a marcos estructurales que logran explicar ciertos procesos.

De esta manera, adoptar este tipo de método para abordar lo social en el ciberespacio, es una tarea que sólo puede lograrse entendiendo el contexto que implica la red porque según Ardèvol y Vayreda (2002), en la etnografía virtual los dispositivos se vuelven mediadores que tienen injerencia en las prácticas, en las formas y en los usuarios. De lo que podemos deducir entonces, el papel primordial que tienen las herramientas tecnológicas para lograr un análisis más completo y bien encaminado de los fenómenos sociales abordados en las investigaciones que utilicen éste método.

Domínguez (2007) considera que la etnografía virtual va más allá de hacer sólo un trabajo en la dimensión de lo virtual; sino que implica también indagar sobre conceptualizaciones reales y que forman parte de las representaciones de los usuarios. Dado que no trabaja sólo con comunidades virtuales; la etnografía virtual no busca únicamente grupos más o menos homogéneos, que estén o no ubicados en contextos espaciales. Su campo de estudio no es únicamente el ciberespacio, así como los temas que estudia no son sólo los temas de los que tratan las comunidades virtuales; y su método de estudio no consiste sólo en analizar las comunicaciones en un espacio virtual. Resulta entonces importante distinguir entre etnografía

virtual y etnografía de lo virtual.

Así, la etnografía virtual enfoca en interacciones en espacios digitales que permiten un mejor acercamiento al objeto de estudio a través de su ecosistema natural, mediante una red social situada en el ciber espacio. Y es que, en la etnografía virtual, “la participación continua del investigador, en los escenarios virtuales donde se desarrollan las prácticas, permite el análisis de dinámicas, negociaciones, transacciones, contemplando esa dualidad entre lo real y lo virtual” (Ruíz Méndez y Aguirre Aguilar, 2015, p. 78).

Ahora bien, Christine Hine (2000, p. 57) establece que el estudio en espacios virtuales conlleva ciertos inconvenientes, entre los que destacan: la autenticidad de las interacciones mediadas como material para la comprensión etnográfica y la selección de sitios adecuados para estudiar internet como cultura y como objeto cultural, por lo que esta autora propone entender el rol de la etnografía aplicada a las nuevas tecnologías mediante tres elementos fundamentales de análisis o áreas para conocer:

A partir de la articulación de estos elementos, se deben generar los dispositivos necesarios para poder realizar el trabajo etnográfico virtual que nos ayude a entender el comportamiento de los usuarios de internet. Tales dispositivos deben recuperar información acerca de las personas; y de sus interacciones constantes cuyas características socioculturales plasmadas en la dimensión virtual tienen nexos con un mundo social real. A la par, es igualmente importante entender que la función de la etnografía virtual “puede ser parcialmente concebida como una respuesta adaptativa y plenamente comprometida con las relaciones y conexiones, y no tanto con la localización” (Mosquera Villegas, 2008, p. 543).

Desde esta óptica, es primordial resaltar en todo momento la relación realidad-virtualidad porque “para realizar un estudio apoyado en la etnografía virtual, no sólo se requiere observar el escenario virtual, también es recomendable usar varias técnicas que incluyan indagar en los escenarios ‘reales’ o bien físicos” (Ruíz Méndez y Aguirre Aguilar, 2015, p.76). Por lo tanto, la labor del investigador se traduce en conocer y analizar el entorno virtual, sumergirse en el aprendizaje de su funcionamiento hasta entender sus más raros rincones que le permitan

comprenderlo, lo más ampliamente posible. A la vez, el investigador debe cumplir el papel de sujeto ‘invisible’, pero sin perder de vista la esencia del etnógrafo que consiste en ser parte de lo que se investiga (Murthy, 2015, p. 7). Además, el ciberetnógrafo debe entender el ciberespacio como “unidad de observación tempo-espacial diferente, tejiendo una red de informantes, estableciendo el compromiso y negociación y teniendo cuidado con la subjetividad e intersubjetividad” (Mosquera Villegas, 2008, p. 544).

Así, la etnografía virtual ve su aplicación a través de técnicas, dispositivos y herramientas adaptados de aquellos que usa la etnografía tradicional; con la particularidad que esos recursos tienen que ser mediados por dispositivos electrónicos; incluyendo softwares que permitan el registro y análisis de la información que va obteniéndose. Para una mejor comprensión del lector, anotamos aquí las técnicas de recolección informativa más comunes en la etnografía virtual:

-La observación (participante, diferida, flotante). la entendemos aquí como la más importante de las herramientas, dado que todo lo virtual vamos a percibirlo en gran parte a través del acercamiento a las plataformas seleccionadas.

-Entrevistas/conversaciones online (libres o semi-estructuradas). Éstas se realizan generalmente a través de la misma plataforma web seleccionada; o en algunos casos se pueden trasladar a aplicaciones de ‘chats’ de diversos espacios disponibles en internet; o bien, vía correo electrónico.

-Entrevistas presenciales. Pueden considerarse como una alternativa después de establecer el vínculo de comunicación con el entrevistado a través de la web. Cuando se tiene la confianza de los informantes, un acercamiento real puede ayudar mucho a reforzar o refutar la información que se ha obtenido mediante el espacio virtual y también puede ayudar a entender cómo se manifiesta la identidad en línea.

-Grupos de discusión. Igualmente pueden crearse grupos cerrados a través de aplicaciones o páginas que permiten dicho trabajo colaborativo. Ahí se lanza la discusión a través de preguntas detonadoras, donde se busca la participación de los involucrados. Otras herramientas serían las wikis, las cuales, pese a tener un enfoque más educativo, permite el trabajo grupal.

-Cuestionarios acotados online. Son comunes no sólo para el trabajo académico, sino también para recolectar información de todo tipo a y través de la web. Una ventaja es que

pueden conversar el anonimato y generar reportes para análisis de forma automática.

También, es importante aclarar que, para el registro y análisis de la información, además de utilizar aplicaciones para bases de datos y procesador de textos, existen también programas para la recolección y análisis cualitativo como Atlas.ti, Ethnograph y EnVivo. En caso de que el estudio pretenda lo que se conoce como big data el SPSS se revela un recurso imprescindible. Independientemente de contar o no con este tipo de apoyo informático, es de rigor metodológico crear sus propios cuadros o tablas de análisis, con los códigos y categorías que cada investigador requiere para comprender y explicar el fenómeno social en cuestión; y de ese modo, dar respuesta a las preguntas de investigación que se formulan al inicio del estudio. Como podemos ver, esta metodología se ciñe a un proceso de desarrollo como cualquier otra que se inscribe dentro del paradigma cualitativo; y poco a poco ha ido también interesando a muchos investigadores mexicanos, por lo que a continuación presentamos un breve bosquejo de su desarrollo en estudios realizados ya en la República Mexicana.


Algunos trabajos en México, enmarcados en la etnografía virtual

Conocer y analizar el ciberespacio no es una tarea sencilla. La etnografía virtual no es sólo sentarse en una computadora y ver lo que los usuarios publican en las distintas plataformas. Existen miles de situaciones y contextos que exigen atención académica para entender su realidad y sus problemas sociales que los componen, por lo que el trabajo de investigación bien encaminado es fuente de conocimiento para ello.

Así, se reconocen trabajos de investigación hechos en México, fundamentados en los principios de la etnografía virtual. Entre ellos destaca “Etnografía virtual, un acercamiento al método y a sus aplicaciones” de María del Rocío Ruiz y Genaro Aguirre (2015), quienes hacen una revisión conceptual de algunos aportes de la antropología que pueden todavía servir para estudiar las ciberculturas; así como ideas para el enfoque metodológico dentro su trabajo de investigación que se encarga de estudiar el comportamiento y representaciones por el uso de las TIC’s. En este estudio, a través de la etnografía virtual se aborda una situación relativa a docentes que son asesores y/o tutores en educación virtual y a distancia, acerca de su reformulación sobre la forma en que organizan y administran su tiempo para acompañar a los estudiantes; y el impacto en su vida académica y personal.

Dentro de los aportes, encontramos también el trabajo realizado por Edgar Gómez, Claudia Arvizu y Alma C. Galindo, “Apuntes sobre la realidad como marco teórico para el estudio de la comunicación mediada por computadora” (2005). Ellos presentan una revisión teórico conceptual sobre el recuento de los estudios que se han hecho acerca la comunicación mediada por computadora, con lo que pretenden dejar de lado las divisiones entre realidad y virtualidad, para entender cómo ellas son inseparables y funcionan de manera concomitante en el uso que las personas dan a las tecnologías de la información. Podríamos decir, que es parte de los primeros acercamientos al mundo de la etnografía virtual porque relaciona al usuario con el dispositivo y el uso que se le da.

Igual de interesante es “Facebook o los nuevos rostros de la socialidad” de Paola Ricaurte y Enedina Ortega (2010), una investigación que, apoyándose en la antropología del ciberespacio y de la etnografía virtual, analiza usos y significaciones de los jóvenes en Facebook. Este trabajo se enfoca en las características de la red social como una comunidad virtual que permite intercambios e interacciones.

Por otro lado, Eduardo Andrés Sandoval Forero hace un acercamiento teórico al análisis de las principales formas de investigar las interacciones sociales mediadas por el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, con su texto “Cibersocioantropología de comunidades virtuales” (2007). Este autor enfatiza que la cibersocioantropología hace uso de la etnografía virtual como la herramienta para conocer los fenómenos sociales que ocurren dentro del ciberespacio. Así, destaca el peso que la sociedad de la información tiene en la actualidad y cómo se hace necesario entender su funcionamiento para conocer la realidad en que estamos inmersos.

Además, el libro “El meme en internet. identidad y usos sociales” (2017) de Gabriel Pérez Salazar presenta un análisis desde los estudios culturales de los memes en internet. Si bien, no estamos hablando de un análisis sobre la etnografía virtual, sí realiza un trabajo que requirió su incursión en el ciberespacio y muestra una forma de entender los discursos y semántica de los memes que se comparten en la web. Teoriza y contextualiza a estas imágenes, así como determina discursos y su impacto en la sociedad para destacar su importancia y reproducción. Por su parte, la compilación “Investigar las redes sociales. Comunicación total en la sociedad de la ubicuidad.” (2013) coordinado por Octavio Islas y Paola Ricaurte, si bien, tampoco está

estrictamente enfocada en la parte metodológica, sí contiene textos que abordan el estudio de las redes sociales como elementos para entender la realidad de la sociedad actual. En esta obra se discuten las formas de acercamiento a las redes, sobre periodismo y otras miradas para entender el fenómeno de las redes sociales.

Después de esta breve revisión de trabajos existentes en México, podemos afirmar que, la etnografía virtual no es un enfoque completamente desconocido en nuestro país, pero sí está todavía en un estado incipiente por lo que esta dimensión dentro de la generación de conocimiento es un campo por explorar para jóvenes investigadores ya que es fundamental continuar los trabajos sobre esta metodología porque la misma situación social así lo exige.


El devenir de la etnografía virtual

Al ser ya común la presencia de los ciberespacios en la vida social, es imposible no interesarse en conocer lo que ocurre en ellos. A través de esta discusión, hemos descrito cómo la etnografía virtual representa una forma de acercarse a fenómenos sociales que se desarrollan en la virtualidad pero que guardan una conexión con la realidad; y que su fuerza recae en la inclusión, adaptación y aprendizaje de estos contextos.

Además, es necesario recalcar que la etnografía virtual sigue parámetros de acción y referencia de la etnografía tradicional, donde la observación representa la parte central de la obtención de evidencias y análisis. Pero está no ha sido suficiente para entender los entornos virtuales, por lo que la etnografía virtual, se vuelve el camino a tomar buscando información más acorde al mismo entorno:


La etnografía se despliega en el campo usando un conjunto de técnicas que los antropólogos de ahora y de antaño aplican, buscando el dato observado y contextualizado, y revelando las diferencias entre casos. Pero la etnografía enfrenta actualmente nuevos retos en un mundo globalizado definido por la sociedad de la información y por los espacios deslocalizados, entre ellos, el ciberespacio (Ruíz Torres, 2004, p. 117)


Así, el investigador debe ser capaz de comprender que el acercamiento con lo tecnológico. Y es que “la mediación tecnológica, exigiendo un proceso reflexivo y de construcción de

identidad en línea del investigador, es parte constituyente y constitutiva del propio objeto de estudio, así como de todas las fases del proceso etnográfico” (Ardèvol, Bertrán, Callén y Pérez, 2003, p.89 ). Por ello, la etnografía virtual, aunque no debe ser como ortodoxa en su forma de trabajo, sí requiere de una disciplina epistemológica y exigencias específicas que permitan no perderse en el mundo de información e interacciones que hay en la web.

Entonces, dadas las condiciones de la actual vida social, este método tiene mucho camino por recorrer. Visto que la tecnología avanza a pasos agigantados, nuevas formas de virtualidad requerirán el acercamiento y entendimiento de las relaciones sociales a través de la etnografía virtual. Posiblemente sus técnicas y recursos puedan irse modificando y particularizándose conforme las características que los estudios enmarcados en esta metodología requerirán.

Aunque el control total de los contenidos en la web es utópico, es posible hacer una organización mediante softwares y otras herramientas virtuales que permitan tener mejor ubicada la información que se obtiene. Cada investigador debe entender que el estudio de lo virtual implica entender y tomar en cuenta tantas acepciones como en la realidad social cotidiana, porque el ser humano sigue reproduciendo patrones de conducta, significados, prácticas e interacciones del mundo real, pero ahora como un efecto de espejo que no necesariamente implica una igualdad de lo que percibimos en ambas dimensiones.

Y es que, dado el enorme peso del mundo virtual en la vida diaria, este tipo de metodología tiene por delante una larga estadía en la investigación, pero sin duda experimentará adaptaciones. No obstante, hoy en día está todavía dentro de una polémica como cualquier otra modalidad de la investigación cualitativa porque aún no es posible controlar todos las cualidades y características que el ser humano puede desarrollar tanto en su realidad como en lo virtual.


Conclusiones

Después de haber revisado diferentes posicionamientos, conceptos y características que delimitan a la etnografía virtual, es importante resaltar que esta metodología requiere de un rigor científico como cualquier otra modalidad de investigación cualitativa. Si bien este tipo de método se ha nutrido de la etnografía tradicional, ha ido poco a poco delimitando sus propias rutas. No es fácil entender un mundo mediante una forma prevista, sobre todo cuando el lente desde el que se pretende observar y analizar esa información no es del todo adaptable a lo que el investigador

hace frente. Por ello, esta opción de investigación permite indagar sobre fenómenos de la vida social que se manifiestan en dos dimensiones entrelazadas: la virtualidad y la realidad social cotidiana.

La etnografía virtual ha ido creciendo como forma de investigación, pero también crece en su construcción teórico epistemológica, gracias a que el mismo conocimiento así lo exige. No es posible quedarse anclado en una sola opción metodológica -como la etnografía tradicional- porque el acercamiento a la realidad propicia medusas con muchas cabezas que hay que ir desmenuzando poco a poco. Entonces, la etnografía virtual nos permite un acercamiento más adecuado al ciberespacio. También permite que el investigador recurra a nuevas formas de entender y expresar un mundo virtual que es, de alguna manera, un reflejo del mundo real, pero a la vez, una dimensión donde es fácil desorientarse por el cúmulo de información, identidades, multimedios y demás elementos que hallamos en la web y que son compartidos y transformados a grandes velocidades y en diversas direcciones.

Luego entonces, la evolución de la etnografía ha llevado a entender que desde esta nueva óptica –la de la etnografía virtual- se tiene que ver más allá de lo que ocurre en el ciberespacio; y esto requiere entender las vinculaciones de dos dimensiones: la realidad cotidiana y lo virtual. Esto se debe a que son dos entes concomitantes y en constante interconexión compleja; por lo que cuando pareciera se ha logrado entender una parte de un fenómeno social; el otro lado del mismo, su efecto de reflejo en el espejo –en esa dimensión virtual- es algo que se describe e interpreta de forma diferente. Estas particularidades se expresan en distintas investigaciones que hemos mencionado en nuestra discusión, en las cuales los autores han utilizado a la etnografía virtual, incluyendo los trabajos que se han desarrollado en México, donde aún hay mucho trabajo por hacer.

Finalmente, podemos afirmar que la etnografía virtual abre posibilidades para entender nuevos contextos socioculturales, en donde los individuos establecen nuevas formas de relacionarse, de expresarse, de comunicarse. Hoy en día, la vida social está estrechamente vinculada con la tecnología y, por lo tanto, con dimensiones virtuales a donde se traslada la acción social. Por ello, esta metodología es una oportunidad para que la generación de conocimiento no quede fuera de foco o rezagada; sino que lleguemos por nuevos caminos, a entender mejor las manifestaciones emergentes de la sociedad. El hecho de buscar por medio de

nuevos acercamientos metodológicos las explicaciones de fenómenos de la vida social, seguramente otorgan la oportunidad de entender mejor al ser humano como un ente cambiante y poco predecible.


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