“Sí a la vida, no a la minería”, la oposición de Capulálpam de Méndez a las actividades mineras en la Sierra Juárez de Oaxaca, 2005-2016


“Yes to life, not to mining”: the opposition of Capulálpam de Méndez to mining activities in the Sierra Juárez de Oaxaca, 2005-2016


Erika Martínez Macedo1


Resumen: Este trabajo estudia la organización social que se emprendió en torno al desacuerdo con la realización de minería en el municipio de Capulálpam de Méndez, en la Sierra Norte oaxaqueña. Se parte de la premisa de que no se trata de una experiencia aislada a nivel local o regional, sino de la manifestación de un fenómeno más amplio enclavado en el ámbito internacional con repercusiones locales: la globalización económica. El análisis gira en torno al contexto, las demandas de los actores y las estrategias que usaron para evitar que la minería siguiera siendo una actividad económica de la zona.


Abstract: This work studies the social organization that was undertaken around the disagreement with the realization of mining in the municipality of Capulálpam de Méndez, located in the Sierra Norte of Oaxaca. It is based on the premise that it is not an isolated experience at the local or regional level, but rather the manifestation of a wider phenomenon embedded in the international sphere with local repercussions: economic globalization. The analysis revolves around the context, the demands of the actors and the strategies they used to prevent mining from continuing to be an economic activity in the area.


Palabras clave: Movimientos sociales; minería; oposición comunitaria; globalización; expertos.


El 16 de octubre del 2007 la ciudad de Oaxaca amanecía mirando cómo pobladores serranos se plantaron en el crucero conocido como Monumento a Juárez, un punto estratégico para la movilidad, pues en él se intersectan las carreteras Internacional Cristóbal Colón y la Ciudad Alemán-Puerto Ángel. Esta movilización no fue más que un acto al que recurrieron los habitantes de Capulálpam al notar que se estaban incumpliendo los acuerdos a los que había llegado en el


1 Licenciada en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, actualmente cursa la Maestría en Sociología Política en el Instituto de Investigaciones “Dr. José María Luis Mora”, sus líneas de investigación son: prensa y política en México durante el siglo XIX, acción colectiva y movimientos sociales en América Latina. Correo electrónico: erimar.macedo@gmail.com.


largo proceso legal que habían recorrido con el fin de terminar con las actividades mineras en su comunidad.

Si bien, Capulálpam es un poblado cuya historia puede contarse a la par de la minería, pues ésta comenzó en el lugar durante el último tercio del siglo XVIII, las condiciones en que se practicaba y la misma percepción de los habitantes han cambiado de manera drástica. Esta característica abona en la lista que hace de la experiencia de Capulálpam un caso muy interesante para el análisis sociológico y lleva a plantear el sistema de preguntas que guiará este trabajo: ¿qué lleva a una comunidad de amplia tradición minera a oponerse categóricamente a las actividades extractivas en su territorio?, ¿cuáles fueron los cambios que cristalizaron en la postura de los habitantes del lugar?, ¿en qué nivel se gestaron dichos cambios? Y, de manera central, ¿cómo fue el proceso en que se gestó y materializó dicha oposición?

En el presente trabajo se buscará dar respuesta a estas preguntas a partir del arsenal teórico del que proveen los enfoques de la movilización de recursos, la estructura de las oportunidades políticas y los marcos de acción. Se han propuesto estas perspectivas porque permiten visualizar aristas del caso que no han sido exploradas bajo otros enfoques, por lo que de esta manera se apunta hacia un aporte que abona tanto en la teoría como en el caso empírico. El análisis se realizará triangulando información obtenida en entrevistas realizadas en la comunidad durante el verano del 2017, y una revisión hemerográfica, bibliográfica y documental del caso.


Breve recorrido histórico: se visibiliza la oposición

En junio de 2005 Javier Cosmes Pérez, el comisariado de Bienes Comunales de aquel momento, interpuso una demanda que ratificó en octubre de ese mismo año en contra de las actividades de la empresa minera La Natividad y Anexas por los daños que ésta había causado al agua y los recursos naturales de la región desde que inició con sus operaciones a finales del siglo XIX.

La comunidad decidió interponer la demanda ante la Procuraduría Federal de Protección del Ambiente (PROFEPA), en la que acusaba a La Natividad de no haberle pedido permiso para reanudar actividades (luego de permanecer desde la década de los 90 sin realizarlas), esta vez en conjunción con la empresa canadiense Continuum Resources (Aquino, s/f: 12).

Después de esta apelación jurídica, PROFEPA suspendió las actividades de La Natividad durante cinco años, desde 2006 hasta 2011. Sin embargo, durante 2006 y 2007 la empresa


Continuum Resources llevó a cabo exploraciones en la zona, las cuales determinaron que había yacimientos de oro y plata en la montaña, por lo que esta compañía decidió seguir adelante con sus actividades hasta 2011, año en que la Continuum Resources vendió sus concesiones a la empresa Sundance.

El año 2007 fue de mucha efervescencia para los habitantes de Capulálpam. Debido a que, pese a la suspensión temporal, las actividades en la mina continuaron, por lo que los pobladores decidieron realizar otras actividades encaminadas a visibilizar su desacuerdo con las actividades extractivas. En mayo emitieron un Manifiesto, en el cual exigían el cese de actividades mineras en la zona.1 En julio entraron en diálogo con algunos representantes del gobierno municipal, estatal y federal, de la PROFEPA, las mineras involucradas y autoridades de Capulálpam.2 Sin embargo, los acuerdos a los que se llegaron en la reunión del 14 de julio no fueron respetados, por lo que a mediados de octubre los habitantes bloquearon la carretera, liberándola hasta que acordaron dialogar con el secretario de Economía, el sub-secretario de gobierno y un representante de la PROFEPA (Lee, 2011: 85).

Si bien, debido a los mecanismos jurídicos que Capulálpam implementó, logró que las actividades de La Natividad fueran formalmente suspendidas, el temor a que la minera las reanude es latente, por lo que la lucha de sus habitantes continúa desde diferentes frentes. Uno de ellos es la organización comunitaria que va más allá de los límites de esta localidad. En la literatura sobre el tema, la atención se ha centrado en el capital social de la comunidad que se ha logrado constituir desde finales del siglo pasado cuando los habitantes comenzaron a hacerse cargo de sus recursos y buscando nuevas alternativas de subsistencia sin agotarlos.

No obstante, se ha dejado de considerar otros elementos de análisis que permitirían explicar el proceso de defensa del territorio que hasta ahora ha logrado impedir que las empresas mineras continúen con sus actividades en el lugar. Los trabajos que han estudiado a esta comunidad y su oposición a las actividades extractivas han documentado la experiencia calpulapense hasta el año 2010, centrándose sobre todo en la organización comunitaria, mencionando sólo de manera descriptiva algunos momentos y estrategias clave que se han presentado y/o que la propia comunidad ha buscado implementar.

En este sentido, el presente texto plantea estudiar el proceso de Capulálpam desde 2005 hasta el momento actual, es decir se incluiría el análisis de los lazos que se han estrechado con


localidades más allá de los límites de esta comunidad, particularmente la participación que se ha tenido en movimientos de defensa de la tierra más amplios que se materializaron en el tercer foro “Tejiendo la resistencia por la defensa de nuestros territorios”, celebrado durante los días 20 y 21 de mayo de 2011 (año en que la suspensión de PROFEPA a las operaciones de La Natividad y Anexas perdió vigencia) y el “Encuentro de pueblos de Mesoamérica: sí a la vida, no a la minería”, que se realizó del 17 al 20 de enero de 2013, ambos, con sus particularidades, tuvieron el objetivo de analizar el impacto de la minería en algunas zonas de México y Centroamérica, lo que deja entrever las distintas relaciones que ha entablado Capulálpam, las cuales resultaron estratégicas en el movimiento de oposición a las actividades mineras en la zona.

Ambos foros estuvieron enfocados en la defensa del territorio y la búsqueda de la plena decisión de las comunidades sobre éstos. En el primero se exigió una lógica de respeto por parte de las autoridades hacia los pueblos indígenas, sus costumbres, decisiones tomadas en asambleas comunitarias, expresiones culturales, relación con la naturaleza, libre determinación y derecho a ser consultados de acuerdo con el Convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT), particularmente frente a un modelo económico y político neoliberal (Declaratoria, 2013).

Por su parte, el segundo encuentro trató de manera más puntual el impacto de la minería en el territorio de las comunidades que enfrentan la práctica de ésta, en él participaron cerca de

500 personas y 70 organizaciones de 12 países (Encuentro, 2013), cuyas exigencias se encaminaron hacia la cancelación de concesiones mineras en las comunidades que no están de acuerdo con actividades extractivas, generar mecanismos para que territorios fronterizos con problemas de este tipo no se conviertan en conflictos binacionales, cancelación de distintas leyes que permiten la minería a cielo abierto en Honduras, el respeto a las decisiones comunitarias en Guatemala, entre otras. Hasta aquí una rápida exposición del caso, a continuación buscaré significar los elementos enunciados en la narración anterior a partir del marco teórico propuesto.


El arsenal teórico y el caso: la construcción de la oposición

Como se ha dejado ver en el apartado anterior, la experiencia en Capulálpam es muestra de las estrategias que se han implementado en otros movimientos de oposición a la minería, no obstante se presenta también como un caso en el que los pobladores supieron aprovechar la efervescencia política que imperaba en el estado durante la época en que su propia oposición alcanzó sus


niveles más álgidos, además de que el oportuno apoyo de expertos les ayudó a que la minería dejara de practicarse en la zona. He aquí la hipótesis de este trabajo.


Las herramientas de análisis: la teoría de movilización de recursos, estructura de oportunidades políticas y marcos de acción

De manera general, en el estudio de movimientos sociales pueden distinguirse al menos dos grandes modelos: aquél que presta mayor atención a los aspectos culturales para comprender el surgimiento de éstos y, el segundo, que busca responder de qué forma se organizan y movilizan los movimientos sociales (Ramos, 1997: 248). El primero se centra en entender de qué manera la construcción de identidad(es) da origen a los movimientos sociales, su nivel de alcance es la cuestión micro, y trata de responder al porqué se da una movilización. Y el segundo, dentro del cual se encuentra inmersa la teoría de movilización de recursos (TMR), pone su atención en la estructura política en la cual surgen las movilizaciones, responde al cómo es posible que se dé una movilización en situaciones concretas, la manera en que se concatenan los recursos al alcance de quienes se movilizan, cohesionan y constituyen como un movimiento social.

Entonces, este trabajo se sitúa sobre todo en el campo de la segunda perspectiva, aunque también echará mano de los marcos de acción, ya que éstos ayudan a balancear el racionalismo del que ha sido tachada la TMR. Pese a las críticas hacia este enfoque,3 este modelo de explicación ha hecho distintos aportes,4 el más importante para los fines de este trabajo es el haber planteado que el descontento social es elemento necesario, pero no suficiente para que se den la acción colectiva o los movimientos sociales. Éstos surgirán en grupos previamente organizados, con los recursos mínimos para articular manifestaciones de protesta, los cuales no pueden desligarse del sistema político en el cual surgieron y, muchas veces, ante el cual manifiestan su desacuerdo.

En palabras de Jenkins (1994: 22), el “potencial movilizador está en buena medida determinado por el grado de organización de grupo preexistente. Los grupos que comparten identidades distintivas fuertes y redes interpersonales densas exclusivas de los miembros del grupo están altamente organizados y por ello pueden movilizarse rápidamente”. Es así como la TMR permite entender cómo, al interior de la propia comunidad, después de 200 años de minería en la región, es hasta en las últimas dos décadas que se gestó un fuerte movimiento de oposición


hacia ella; y, al exterior, permite explicar a otras comunidades en cuyo territorio se realizan actividades extractivas y no han consolidado un fuerte movimiento de oposición a ellas.

Por lo que se refiere a los recursos, debe entenderse bienes y valores reconocidos como herramientas, y no sólo en una dimensión material. Es decir, un recurso puede ser desde la experiencia previa de los organizadores hasta las alianzas con otros sectores de la sociedad y los discursos que apelan a interlocutores fuera del núcleo de los movilizados. Los recursos que se plantea estuvieron inmersos en la comunidad son los siguientes:

-Estructura de movilización: Se tratan de los canales colectivos tanto formales como informales, a través de los cuales la gente puede movilizarse e implicarse en la acción colectiva (McAdam et al., 1999: 24), las estructuras de movilización vinculan a los líderes con la organización de la acción colectiva, lo que permite la coordinación del movimiento y, por ende, su duración (Tarrow, 1997: 236). No obstante, la movilización puede darse “previa y autónomamente al liderazgo del movimiento y, en algunos casos, operar a través de otras organizaciones o en el seno de las instituciones” (Tarrow, 1997: 237).

En el caso de Capulálpam, la vida comunitaria ciñe ya a una estructura de organización y movilización muy particular que se da en los pueblos regidos por usos y costumbres. Por lo que se refiere a la articulación del no a la minería, se basó mayoritariamente en los temas tratados en las Asambleas, a partir de que algunos pobladores notaron la pérdida de algunos mantos acuíferos. Ante lo cual se movilizaron en varios frentes, por un lado se decidió conformar un Comité en Defensa de los Recursos Naturales que tuvo la tarea de concientizar al resto de la comunidad sobre la importancia de la defensa del agua y el territorio en contra de la minería, mientras que por otro se buscó apoyo externo entre los contactos de algunos habitantes con vasta experiencia militando en organizaciones sociales populares.

-Discursos: Se trata de una manera compartida de aprehender el mundo. Incorporan un lenguaje y posibilita a aquellos que los suscriben a interpretar trozos de información y ponerlos juntos en historias o explicaciones coherentes. Los discursos construyen significados y relaciones, juicios y disputas que proveen los términos básicos para los análisis, debates, acuerdos y desacuerdos (Dryzek, 2005: 9).

-Identidad: Siguiendo la definición de Giménez, se entenderá a la identidad como el:

  1. onjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores, símbolos…)


    relativamente estables, a través de los cuales los actores sociales (individuales o colectivos) se reconocen entre sí, demarcan sus fronteras y se distinguen de los demás actores en una situación determinada, todo ello dentro de un espacio históricamente específico y socialmente estructurado (Giménez, 2009: 135).

    Este mismo autor plantea un concepto muy útil para explicar de qué manera la identidad es un recurso para los movimientos sociales, se trata del de “estrategia identitaria”, que se desprende de la plasticidad, maleabilidad, característica de la identidad. Es resultado del margen de maniobra del que disponen los actores sociales y de la apreciación de la situación; se refiere a la manera estratégica en que los actores utilizan sus recursos identitarios. No obstante, los límites para su uso están condicionados por el marco estructural, la situación social, la correlación de fuerzas entre los grupos, las maniobras de los demás y la propia identificación de los individuos (Giménez, 2009: 139).

    Estos elementos van muy ligados y se nutren entre sí, pues a partir de que se ha conformado cierto modelo identitario, los discursos se apegan a él, lo ensalzan, revaloran y toman como bandera. En este caso, el ser indígena es un elemento al que se le otorgó gran valía en las últimas décadas, pues, por ejemplo, cuando hacia la década de los setenta se tuvo una experiencia previa de organización en torno a la defensa de los bosques de la Sierra Juárez, la misma comunidad no se abanderó bajo los principios que se articularon luego de la alza de distintos movimientos indígenas que se llevaron a cabo en América Latina, En este sentido, el levantamiento del EZLN se presentó como un parteaguas que abrió nuevos discursos y consignas o, como los calpulapenses refieren, les permitió valorar elementos de su cotidianidad. De esta manera el ser indígena, más que campesino, por ejemplo, comenzó a permear en la comunidad, delineando así aquello que les proveerían de rasgos identitarios.

    Por otra parte, una de las virtudes de la TMR es que permite explicar de qué manera se movilizan los recursos internos con que cuenta un actor colectivo. En este sentido, el término Organización de Movimientos Sociales (OMS), tiene especial utilidad para entender de qué manera interactúan las OMS con los movimientos sociales y el papel que desempeña en la movilización de sus recursos. Una OMS es una “organización compleja, o formal, que identifica sus metas con las preferencias de un movimiento social y busca implementar dichas metas” (Puricelli, 2005: 3), las cuales se conformaron “para procurar o resistir cambio social desde la


    perspectiva de un grupo social determinado” (Cadena-Roa, 2016: 1). Es en el marco de las OMS ambientalistas en el que tiene lugar el papel de los expertos.

    -Expertos: En una definición muy práctica, se caracteriza los expertos como individuos que se mueven en relaciones políticas y sociales; son más que simples expertos técnicos, es decir, son personas con un amplio liderazgo político, autorizados en alguna rama de conocimiento (Caudillo, 2016: 137). Sin embargo, en otros trabajos con mayor especialización y, por consiguiente, profundidad sobre el tema se abordan otras dimensiones que atañen a la figura de los expertos.

    En este sentido, la definición que ofrece Steven Brint, quien ha estudiado qué papel desempeñan los expertos en el ámbito de las políticas públicas, está más preocupada por indagar en la injerencia que éstos tienen en el quehacer de lo público, no obstante, puede ser retomada para este trabajo, en la medida en que permite conceptualizar la aplicación del conocimiento en espacios más amplios que el meramente académico. Para este autor cuando se habla de expertos, se hace referencia al personal profesional altamente capacitado que trabaja en dominios institucionales centrales, ya sea a nivel salarial o contractual, incluye también profesionales y gerentes altamente capacitados en los ámbitos institucionales de investigación científica, servicios culturales y de información, servicio social, organizaciones médicas, legales y educativas (Brint, 1990: 364).

    Además, este autor también se preguntó por los escenarios fuera de la política, aunque delimitados por ella, en que los expertos tienen un margen de influencia independiente: (1) donde los profesionales actúan en nombre de las asociaciones profesionales,5 (2) donde actúan como "empresarios" de políticas independientes en relación explícita con algún componente de los existentes, o (3) donde actúan en calidad de representantes de la "opinión profesional responsable". (Brint, 1990: 365)

    Por último, otro elemento que retomaré de Brint por su utilidad y aplicación en el caso de estudio, y que igualmente se refiere a la influencia de los expertos, es el que refiere a la afirmación o defensa exitosa de un valor cultural central en ausencia de un discurso fuerte en contra como canal para posicionar su conocimiento técnico para legitimar o refutar valores de otros profesionales (Brint, 1990: 375).

    Así por ejemplo, el contacto que hubo entre los pobladores de Capulálpam, diversos


    colectivos y ONG para la organización de los distintos Foros que se celebraron en su territorio. El apoyo va desde la difusión hasta la propia intercomunicación con comunidades fuera del país, el contacto con expertos en materia de derechos humanos, ambiental y con experiencias en otros casos de oposición a la minería, asesorías en lo penal y en consignas clave que dieron buenos resultados en otras latitudes. Tal como ha sido estudiado en Argentina, por ejemplo, de cuyas experiencias se desprende que:


    El escenario actual aparece marcado también por el surgimiento de nuevos movimientos socioambientales, rurales y urbanos (en pequeñas y medianas localidades), de carácter policlasista, caracterizados por un formato asambleario y una importante demanda de autonomía. Asimismo, en este nuevo entramado juegan un rol no meno ciertas organizaciones no gubernamentales ambientalistas —sobre todo, pequeñas organizaciones, muchas de las cuales combinan la política de lobby con una lógica de movimiento social— y diferentes colectivos culturales, en los cuales abundan intelectuales y expertos, que no sólo acompañan la acción de las organizaciones y los movimientos sociales, sino que en muchas ocasiones forman parte de ellos. Esto quiere decir que dichos actores deben ser considerados menos como “aliados externos” y mucho más como actores con peso propio, al interior del nuevo entramado organizacional. (Svampa, 2012: 20)


    No obstante, en este trabajo difiero de la postura de Svampa, pues si se acepta que expertos y otra clase de aliados forman parte de la organización y movilización comunitaria se estaría invisibilizando su papel, el cual fue asumido fuera de la comunidad, pues es precisamente su carácter de diferentes lo que hace que, en la mayoría de los casos, los pobladores confíen en ellos y acepten su apoyo y asesoría, no sin ciertas reglas.

    -Aliados: Individuos en el poder que podrían apoyar la movilización. Se trata de personajes que ocupan puestos estratégicos en las estructuras del poder, quienes simpatizan con las demandas y la movilización y las apoyan echando mano de su posición.

    En un par de las entrevistas realizadas, me llamó la atención la naturalidad con la que los entrevistados referían la manera en que habían llevado su caso a la Cámara alta en la Ciudad de


    México. Lo que sucedió es que un político de la Sierra logró ganar un lugar en el Senado y él llevó el caso de Capulálpam a otras esferas a las que otras comunidades no han podido acceder para la resolución de sus demandas. De tal suerte, la existencia de aliados puede facilitar los procesos, si bien no de resolución plena, al menos sí de escucha y visibilización.

    En suma, la TMR es útil en el marco de la movilización de Capulálpam en la medida en que permite explicar la conformación de la oposición a la minería hasta hace algunos años, mientras que la realización de actividades extractivas lleva desde, por lo menos, hace dos siglos en el lugar. No obstante, el surgimiento de los movimientos sociales no responde únicamente a los recursos, éstos son necesarios, pero no suficientes: en la articulación de un movimiento social es de suma importancia la estructura de las oportunidades políticas, misma que abordaré en el siguiente apartado.


    Estructura de oportunidades políticas

    Este concepto se refiere a los elementos externos de los movimientos sociales. Si bien, ha sido cuestionado incluso por parte de quienes han echado mano de sus elementos de análisis, es en este proceso de crítica y replanteamiento dentro del cual las oportunidades políticas han sido revitalizadas, acotadas y encaminadas a que sean más explicativas y no sólo funjan como conceptos esponja.6

    En esta trabajo, siguiendo a McAdam (1998) en un texto en el que hace un esfuerzo por definir las variables que formarían parte de la estructura de oportunidades políticas, y en el cual realiza un recorrido de los principales autores que han echado mano de este concepto, se entenderá como oportunidad política el contexto en el que se encuentren presentes las siguientes variables:

    1. la apertura o cierre del sistema político institucionalizado;

    2. la estabilidad o inestabilidad de ese grupo amplio de alineamientos de la elite que típicamente subyacen a la política;

    3. la presencia o ausencia de elites aliadas;

    4. la capacidad y la propensión del Estado a la represión. (McAdam, 1998: 94)

Como ha quedado acotado, una oportunidad política no es sólo el contexto en el cual se encuentra inmerso un movimiento social o del cual surge, en todo caso se estaría hablando de la


coyuntura, en la que se interseccionan los cuatro elementos ya mencionados. El objetivo de considerar las oportunidades políticas en el estudio de los movimientos sociales es justamente intentar explicar estos dos elementos: el interno (el movimiento social como tal, por qué surgen movimientos que defienden ciertos temas —y no otros—, en determinado momento) y el externo (la coyuntura en la cual surgen), su relación, concatenación, de qué manera se influencian, la relación con la política institucionalizada y el grado de influencia que los movimientos sociales ejercen sobre los procesos políticos. (Gamson y Meyer, 1999: 392)

Por otra parte, en el plano de los grupos movilizados se ha definido a las oportunidades como “la probabilidad percibida de que las acciones de protesta social conduzcan al éxito en la consecución de un resultado deseado” (Tarrow, 2004: 279), es decir, las oportunidades tienen que ser vistas como tal por quienes están realizando acciones colectivas de oposición o apoyo. Posteriormente, en términos más explícitos, una oportunidad es definida como el mínimo cambio que “altere el equilibrio de los recursos políticos y económicos entre un Estado y quienes lo desafían, que debilite la capacidad del Estado para recompensar a sus seguidores o castigar a sus oponentes, para seguir una política coherente, o que retire el apoyo interno o externo al régimen” (Tarrow, 2004: pp. 279-280).

Asimismo, en la percepción de las oportunidades políticas se encuentran los factores estructurales externos (los cambios en sí ya mencionados, por ejemplo), pero al mismo tiempo se requiere que las oportunidades políticas se asimilen como tal mediante el proceso de creación de marcos interpretativos, en los cuales se decidirán las estrategias a seguir (Gamson y Meyer, 1999: 391), se trata de una especie de valoración que realizan quienes se encuentran movilizados acerca de las circunstancias, de sus fortalezas, de los recursos con que cuentan e, incluso, de las oportunidades creadas por movimientos previos. Es preciso mencionar que las oportunidades pueden ser “objeto de interpretación y, a menudo, objeto de controversia” (Gamson y Meyer, 1999: 391), en este ámbito es en el que los marcos de acción colectiva tienen lugar. A reserva de que aborde este concepto con mayor detalle, en este apartado es necesario mencionar que las oportunidades son interpretadas en el marco de la cultura, incluso serían


[E]l resultado de un proceso de rupturas culturales que hacen aflorar a la superficie contradicciones que habían estado allí, latentes, desde hacía tiempo. Estas contradicciones


permiten reestructurar quejas e injusticias, así como las posibilidades de actuación. A veces las rupturas adoptan la forma de conductas a través de las cuales se reformulan o cuestionan las definiciones estándar de la situación, de modo que se altera la percepción existente respecto de los costes y beneficios aportados por las políticas y los programas, así como la percepción de la injusticia y lo que es el statu quo. (Zald, 1999: 379)7


Es decir, las oportunidades políticas tienen dos dimensiones: una formal compuesta, entre otra variables, por las que aquí ya se mencionaron y refieren el sistema político y a la organización de las élites; y el otro interpretado, en el cual el papel de la cultura es fundamental para poder percibir a una oportunidad como tal, o para crear las oportunidades en momentos de contradicciones.8

Por último, McAdam llama a considerar “el impacto de los procesos políticos y económicos globales en la estructuración de las posibilidades domésticas para el éxito de la acción colectiva” (McAdam, 1998: 101), este es un punto importante pues permite realizar un puente entre lo local y lo global y deja ver que un movimiento social se nutre de su medio y época, y como tal debemos entender tanto el ámbito regional, como uno más amplio: conocer la dinámica internacional en la cual surge determinado movimiento social.

El caso oaxaqueño es muy interesante en este sentido porque durante los años en que se gesta y articula el movimiento de Capulálpam, el estado pasaba por momentos muy difíciles en cuanto a gobernabilidad se refiere. Tan sólo un año antes de la movilización que la comunidad serrana realizó en el cruce del Monumento a Juárez en la ciudad, se había llevado a cabo una de las muestras más amplias de participación ciudadana que se ha dado en los últimos años: la conformación de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, las demandas que acogió y las innumerables barricadas que logró levantar. Con mucha probabilidad, la experiencia de 2006 en Oaxaca estaba presente en los años posteriores inmediatos, pues cuando entrevisté a algunos pobladores del lugar recordaban con nostalgia su participación en el movimiento. De hecho, fue en la relación que se dio en las calles donde se originó la idea de realizar una movilización para hacer visible las demanda de Capulálpam, luego de que dentro de lo institucional los acuerdos no se hayan visto cumplidos tal como se había previsto.

Por otra parte, estudiar un caso de oposición a la minería de manera aislada, sin aludir al


contexto en el cual se inscribe, no permitiría entender cómo se originó el conflicto ni aquellos elementos que derivaron en la oposición de una comunidad como Capulálpam de Méndez a la minería en su territorio. De hecho, como ha sido afirmado por algunos autores (Svampa, 2012; Machado, 2011) y en consonancia con ellos, se parte del supuesto de que la resistencia y oposición a las actividades extractivas tienen un carácter multiescalar9 y sólo bajo esta característica es posible comprender la gestación de conflictos que contraponen a comunidades locales y empresas, la mayoría de las veces, transnacionales. En el ámbito nacional la apertura hacia la minería es un proceso que se gestó desde los años 90 con la reforma a la Ley Minera, no obstante éste fue una manifestación de un fenómeno de apertura hacia la minería en toda la región latinoamericana.

Sin embargo, tal como se generalizó en América Latina la promoción de capitales extranjeros invirtiendo en la región y la concesión de territorios para exploración y explotación en beneficio de actividades extractivas, así también las comunidades se movilizaron y crearon un lenguaje común de defensa.


Marcos de acción colectiva o proceso de enmarcamiento

Los componentes que cohesionan a los movimientos sociales y permiten su articulación son los marcos de acción colectiva, pues aunque se tengan los recursos y/o las oportunidades políticas, éstos no son condición suficiente para la acción sin la interpretación de que se está ante una oportunidad o se cuenta con los recursos mínimos necesarios. En este sentido, el modelo de los marcos de acción se presenta como un complemento a la TMR y como un recurso de interpretación de las oportunidades políticas.10

La propuesta de los marcos de acción colectiva o, de manera más específica, proceso de enmarcamiento (framing),11 busca introducir el componente cultural en los estudios de los movimientos sociales,12 particularmente, dentro de aquellos que se cobijan bajo la TMR. El framing ha sido utilizado en distintas disciplinas, aunque por la manera en que fue retomado por la sociología de los movimientos sociales, el trabajo de Goffman (1974) se considera la piedra angular para esta teoría.13 El concepto de “marco” (frame) fue definido por este sociólogo norteamericano como:


[E]squemas de interpretación que permiten a los individuos ubicar, percibir, identificar y clasificar los acontecimientos que tienen lugar dentro de su espacio vital y en el mundo en general. Al asignar de sentido o al dotar de un sentido a los acontecimientos o eventos, los marcos sirven para organizar la experiencia y orientar la acción, tanto la individual como la colectiva (Snow y Benford, 2006: 83).


La perspectiva de los marcos se articula a partir de lo que Goffman llama “marcos de comprensión” (frameworks of understanding), los cuales orientan la interpretación de acciones y la realización de actividades sociales. Existen marcos denominados primarios (primary frameworks), mismos que sirven a los individuos para reconocer un evento y darle sentido a aquello que, de primaria instancia, podría no tenerlo (Chihu, 2006: 15).

Por su parte, el “salto” de lo individual a lo colectivo se da a partir del alineamiento de marcos, proceso que se refiere a la relación que se entabla entre el individuo y las OMS, la cual requiere que las actividades, metas e ideologías de éstas sean congruentes y complementarias con los intereses, valores y creencias de los individuos (Chihu, 2006: 18).14 Ahora bien, el proceso mediante el cual los movilizadores otorgan significado y crean sus propios discursos y la ruta a seguir se compone de tres momentos: los marcos de diagnóstico, pronóstico y motivación.15 El primero se refiere a la identificación de un problema y la atribución de la responsabilidad (Snow y Benford, 2006: 88). Mientras que el de pronóstico establece qué hacer y quién tendría que hacerlo, los objetivos, tácticas y estrategias a seguir (Hunt et al., 1994: 228).

Sin embargo, estos dos procesos son necesarios, pero no suficientes para llegar a la acción, pues se requiere un tercero: el marco generador de motivación, es decir, establecer la justificación en favor de una causa. Este marco “implica un proceso de construcción social y el reconocimiento de los motivos e identidades de los protagonistas. Estas identidades y motivaciones compartidas a su vez sirven de impulso para la acción colectiva.” (Hunt et al., 1994: 229)

Este proceso de enmarcado es útil para estudiar la conformación de los movimientos sociales a través del tiempo, los cambios en su gestación y la construcción de los discursos que abanderan sus causas, así como los aliados con que cuentan y el cambio en las relaciones con ellos, en diferentes niveles y no sólo verlos como grupos homogeneizados. Por último, una


dimensión más del proceso de enmarcamiento es la creación de los campos de identidad.

La identidad, concepto que ya he referido antes, no sólo ayuda a los movimientos sociales a construir y presentar las características del nosotros, sino que también permite delinear quiénes son los otros, los que están fuera del movimiento, los antagonistas y los interlocutores. Dentro del modelo de los marcos de acción, se han definido tres campos de identidad:16

-Los protagonistas: Caracterizados a partir de una serie de significados atribuidos a la identidad de los individuos y grupos destinados a convertirse en los defensores de la causa del movimiento (Hunt et al., 1994: 231).

-Los antagonistas: Se trata de las atribuciones de identidad a individuos y grupos que se oponen al movimiento. Esas atribuciones incluyen las declaraciones sobre los contramovimientos, las organizaciones antimovimientos, instituciones hostiles, el sector del público con el que no se puede contar y algunos agentes de control social (Hunt et al., 1994: 237).

-Las audiencias: Es el concepto que se aplica a los conjuntos de atribuciones de identidad a individuos y grupos a los que se supone imparciales o bien observadores no comprometidos, y que pueden reaccionar antes las actividades del movimiento, o informar sobre ellas a otros. Ese campo está integrado por las organizaciones afines al movimiento, lo medios de comunicación, las élites de poder, los seguidores marginales, los simpatizantes y la gente de la calle (Hunt et al., 1994: 240).

Una última consideración respecto a la definición de los campos de identidad y de los procesos de enmarcado, se refiere a los marcos delimitadores. Es decir, los límites en la construcción de las etapas del enmarcado y la definición de los actores (internos y externos), “que están condicionados y constreñidos por las interpretaciones que hacen los actores de los movimientos sobre los asuntos internacionales, o por aquellas que se refieren a su movimiento y a otras organizaciones sociales” (Hunt et al., 1994: 234).

En suma, los marcos de acción colectiva son útiles en el análisis de los movimientos sociales, en la medida en que permiten entender su gestación y devenir, permiten explicar la manera en que se configuran y moldean discursos, y el proceso por el cual los mismos movimientos sociales ayudan a transformar significados sobre una situación concreta de la realidad.17


El primer Manifiesto lanzado por Capulálpam de Méndez fue publicado en un blog dedicado a difundir noticias sobre resistencia y oposición a actividades extractivas. Dicho sitio lleva a manera de subtítulo No a la mina Esquel, lo que permite relacionar aquella experiencia con otras posteriores o, más preciso aún, visualizar los efectos que tuvo la oposición del poblado argentino en el resto de la región. A partir de las primeras experiencias, se fue conformando lo que se ha llamado el giro ecoterritorial, el cual es una perspectiva en la que “convergen la matriz indígena comunitaria, el lenguaje acerca de la territorialidad y el discurso ambientalista” (Svampa, 2012: 16). Marco que ha sido construido por parte de activistas comunitarios y expertos posicionados en diferentes Organizaciones civiles. Para Svampa, “el giro ecoterritorial de las luchas da cuenta de cómo las organizaciones y movimientos sociales involucrados van construyendo un conocimiento alternativo, el cual constituye una condición necesaria pero no suficiente para hablar de alternativas al modelo de desarrollo imperante” (Svampa, 2012: 26).

No obstante, desde mi perspectiva el giro ecoterritorial se ha colocado como un elemento más de lucha, oposición y resistencia, se trata de un discurso que se ha ido conformando a lo largo de los años en que distintas comunidades se han levantado para decir “no a la minería” y a partir del cual, de tanto acudir a él, se ha ido interiorizando en las prácticas cotidianas comunitarias.


Reflexión final

Este trabajo buscó abonar en la literatura que se ha preguntado sobre la constitución y conformación de movimientos sociales. Aunque, sin duda, aún hay mucho por indagar en lo que a la conformación de movimientos se refiere, se trató de colocar el punto de atención en aristas distintas a las que suelen estudiarse cuando de movimientos en contra de la minería se trata.

Los componentes que cohesionan a los movimientos sociales y permiten su articulación son los marcos de acción colectiva, pues aunque se tengan los recursos y/o las oportunidades políticas, éstos no son condición suficiente para la acción sin la interpretación de que se está ante una oportunidad o se cuenta con los recursos mínimos necesarios. En este sentido, el modelo de los marcos de acción se presenta como un complemento a la TMR y como un recurso de interpretación de las oportunidades políticas.18

Acercarse a un caso desde el marco teórico aquí propuesto permitió visibilizar la


importancia de la organización comunitaria, pero al mismo tiempo que ésta es sólo el punto de partida, un elemento necesario pero no suficiente para que se consolide el movimiento, y más aún para que las exigencias y demandas se hayan cumplido fue necesario una correcta interpretación del momento en que se estaban movilizando, acercarse a los actores que fungieron como sus interlocutores y portavoces a niveles más allá del nivel local (expertos y políticos con voz y capacidad de acción en ámbitos nacional e internacional), además de ampararse bajo las consignas de otros movimientos que comenzaron con anterioridad su oposición a la realización de actividades mineras en sus territorios.

En suma, el “Sí a la vida, no a la minería” alzó su voz en medio de un camino en el que otras experiencias ya habían andado un buen trecho, tropezado y modificado sus estrategias de acción y articulación, recibiendo de la mejor manera el apoyo de organizaciones nacionales e internacionales, generando lazos de solidaridad, lo que facilitó que su voz fuera escuchada y su proceso, hasta la fecha, resuelto en términos de beneficio a la comunidad. Por último, esta experiencia deja ver los logros que se han tenido en la cooperación entre Organizaciones civiles y la participación comunitaria: aunque falte mucho por andar, el sendero está trazado.


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Notas


1 “La comunidad de Capulálpam de Méndez exige: 1. El cierre definitivo e inmediato de la mina de la Natividad/ 2. El cese de las presiones por parte del gobierno y de las empresas transnacionales a la


comunidad para otorgar permiso para la explotación minera/ 3. La restitución de los terrenos ocupados por la compañía minera a la comunidad de Capulálpam de Méndez/ 4. El pago por los daños ecológicos causados por la explotación minera a la comunidad de Capulálpam de Méndez”.

2 De acuerdo con el “Acta de la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales, relativa a la Comisión Nacional de Trabajo que se llevó a cabo en el municipio de Capulálpam de Méndez, distrito de Ixtlán de Juárez, Oaxaca, el sábado 14 de julio de 2007”, participaron en dicha reunión “los ciudadanos Javier Cosmes Pérez, presidente del Comisariado de Bienes Comunales; Aarón Ramírez Bautista, presidente del Consejo de Vigilancia del Comisariado de Bienes Comunales; Eleazar Pérez Cosmes, presidente municipal; Hipólito García Peguero, síndico municipal; Reynaldo López García, presidente el Comité pro Defensa de los Recursos Naturales. Estuvieron presentes Edmundo Solís, superintendente de la compañía minera La Natividad y Anexas; y el ingeniero Juan López, geólogo de Continuum Resources. Como testigos de honor estuvieron los diputados federales Marcos Matías Alonso, presidente de la Comisión de Asuntos Indígenas; Diego Cobos Terrazas, presidente de la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales; Carlos Martínez Martínez, integrante de la Comisión de Asuntos Indígenas; Othón Cuevas Córdova, integrante de la Comisión de Asuntos Indígenas; Aleida Alavez Ruiz, integrante de la Comisión de Asuntos Indígenas; así como los diputados locales Ana Luisa Zorrilla Moreno, presidenta de la Comisión de Ecología; Genaro Vásquez Colmenares, presidente de la Comisión de Cultura; Leodegario Melchor Ordaz, integrante de la Comisión Agropecuaria, Minera y Forestal; Heriberto Ambrosio Cipriano, diputado por el distrito Ixtlán-Villa Alta”.

3 Uno de sus principales críticos ha sido Lapeyronie (1988), quien apunta que la TMR no permite estudiar los movimientos sociales, pues contiene ya un sesgo al compararlos con la dinámica de mercado: “Los recursos son el elemento central que permite a los grupos tomar acción. Estos recursos en la movilización se comportan, según esta perspectiva [la TMR], de manera comparable a la actividad económica (el mercado): se trata de invertir en la acción colectiva un determinado número de bienes o de valores con el objetivo de aumentar su parte del mercado, es decir, la proporción de riqueza controlada. El punto central es la capacidad de reunir y utilizar de manera óptima y rentable los recursos controlados por el actor político, quien se comporta con el jefe de una empresa y construye su estrategia de acción en función de los objetivos que se ha fijado y de los medios de que dispone […].

Bajo esta imagen, la pregunta sobre la participación en los movimientos sociales no se hace, o más bien se lleva hacia comportamientos de consumo. Todo obedece a un cierto automatismo: cada individuo tiene una serie de preferencias que desea satisfacer eventualmente si encuentra en el mercado los productos correspondientes; compra el producto que le ofrece la mejor relación calidad/precio, satisfaciendo así sus deseos al menor costo. Entonces, es inútil preguntarnos por sus motivaciones individuales para participar, o por las razones que pudieran llevarlo a un compromiso con la acción. La única pregunta es saber cómo una organización puede poner en marcha un producto lo suficientemente atractivo para vencer los obstáculos naturales para el consumo.”

4 Los cuales, resumidos, serían los siguientes: “a) los agravios no necesariamente producen movimientos automáticamente, el proceso es más complicado; b) los integrantes no son irracionales, psicológicamente padecidos, sino participantes informados y convencidos; c) los movimientos no son entidades aisladas, sino que interactúan con otras organizaciones, autoridades, partidos, sectores de la sociedad, los medios de comunicación, etcétera, y usan a la infraestructura de la sociedad para movilizarse.” (Puricelli, 2005: 4)

5 El quehacer de asociaciones profesionales es interesante en tanto han cobrado gran auge como un puente entre sectores excluidos y la participación política, desde finales del siglo pasado, en su forma de Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Dichas organizaciones echan mano del conocimiento


técnico y especializado sobre terrenos distintos, desde el conocimiento sobre políticas públicas hasta, por ejemplo, el acceso a medios de comunicación. Puede verse un ejemplo de la actuación de una ONG conformada por expertos en distintos temas, en el texto de Kristina Pirker (2015).

6 Así lo expresan Gamson y Meyer (1999: 389) cuando escriben sobre el concepto de oportunidad política que: “[e]stamos corriendo el peligro de que se convierta en una especie de esponja, capaz de absorber cualquier aspecto relacionado con el entorno de los movimientos sociales, institucionales y cultura políticas, crisis de diversos tipos, alianzas y variaciones en las políticas”.

7 En este mismo sentido Ann Swidler planteó el papel de la cultura como una causa de la acción y no sólo como mera proveedora de los valores que la orientarían: “la cultura influye en la acción, no mediante la provisión de los valores últimos hacia los que está se orienta, sino mediante la configuración de un repertorio o «juego de herramientas» («tool kit») de hábitos, habilidades y estilo a partir de los cuales la gente construye «estrategias de acción»” (1996: 127).

8 La misma autora diferencia entre dos tipos de momentos en los cuales la cultura tiene un peso diferente en la configuración de las estrategias de acción: 1) el modelo de las culturas asentadas (tradiciones y sentido común), en el cual la cultura proporciona recursos para construir estrategias de acción, aunque en el corto plazo hay un débil control directo sobre la acción; 2) el modelo de las culturas asentadas (ideología), en el que la cultura crea nuevas estrategias de acción, pero la influencia a largo plazo depende de las oportunidades estructurales para la supervivencia de las ideologías (Swidler, 1996: 151). Así también lo mencionan McAdam, McCarthy y Zald (1999: 30): “el impulso a la acción se halla ciertamente vinculado a la vulnerabilidad estructural, pero es, básicamente, un fenómeno cultural”.

9 Svampa afirma que la multiescalaridad tiene diferentes aspectos. Por ejemplo, para el caso de las industrias extractivas, la dinámica entre “lo global” y “lo local” se presenta como un proceso en el que se cristalizan, por un lado, alianzas entre empresas transnacionales y Estados (en sus diferentes niveles), que promueven un determinado modelo de desarrollo; y, por otro lado, resistencias provenientes de las comunidades locales, que cuestionan tal modelo, y reclaman su derecho a decidir en función de otras valoraciones (Svampa, 2012: 20; Svampa et. al., 2009: 33). El concepto de multiescalaridad proviene de Sassen (2007: 29-30), para quien “[E]s posible afirmar que el estudio de los global no se limita a aquellos fenómenos que se dan de manera explícita en escala global. También es necesario un análisis de las prácticas y de las condiciones locales que se articulan con la dinámica global, así como un examen de la multiplicación de conexiones transfronterizas entre localidades donde se dan ciertas condiciones recurrentes como la violación de los derechos humanos, los problemas ambientales, la movilización comunitaria en torno de ciertas causas, etc. Asimismo, este estudio implica reconocer que, en realidad, en gran medida los fenómenos de escala global —como el mercado de capitales —se encuentran insertos parcialmente es espacios subnacionales y funcionan entre prácticas y formas organizativas pertenecientes a varias escalas”. Para términos de este trabajo, se toma como premisa las implicaciones de dicho concepto para señalar que algunas políticas que tienen efectos en la cotidianidad, a nivel local, se han gestado en un ámbito más internacional, no sólo a nivel de los estados nacionales, sino en la relación de éstos entre sí y con otros intereses, como capitales privados.

10 La advertencia de McAdam (1998: 92) es en este sentido: “Los tipos de cambios estructurales y cambios de poder que de manera más clara son concebidos como oportunidades políticas no debieran confundirse con los procesos colectivos por medio de los cuales son estos cambios interpretados y enmarcados

11 Se habla de framing para referir el proceso de producción de significados que realizan los movimientos sociales. En este punto se encuentra la principal crítica a la TMR y a la perspectiva de los nuevos


movimientos sociales por parte de quienes se posicionan dentro del enfoque de los marcos de acción: “ambas tienden a considerar los significados e ideas, como evidentes, como si existiera una relación isomorfa entre la naturaleza de cierta clase de condiciones o acontecimientos y el significado que se les atribuye. Puesto que los significados se originan en el curso de la interacción con otros individuos y con otros objetos relevantes, consideremos arriesgado dar por sentado el significado u otros elementos ideológicos o considerarlos de una manera puramente descriptiva en cualquier ecuación que intente explicar la participación en los movimientos. Sin duda, los movimientos desempeñan el papel de portadores y transmisores de ideas y creencias motivadoras; pero también participan activamente en la producción de significados dirigidos a los participantes, a los antagonistas y a espectadores. Este trabajo de producción posiblemente influye en la redefinición y la estructuración de los significados ya existentes” (Snow y Benford, 2006: 85. Las cursivas son mías).

12 Desde la sociología francesa y otras tradiciones centradas en el análisis discursivo de los movimientos sociales, esta es una de las principales críticas que se le ha hecho a la perspectiva de los marcos de acción. Se ha argumentado que los teóricos de los marcos de acción dan un sentido utilitario a este concepto, alejándolo del enfoque cognitivo-interpretativo de Goffman. Sobre estas críticas al modelo de los marcos de acción aplicados en el estudio de movimientos sociales, véase el texto de Acevedo (2013).

13 Se trata de Frame Analysis: An Essay on the Organization of Experience.

14 Los cuatro procesos que conforman el alineamiento de marcos, y que son empleados por los movimientos sociales con el propósito de movilizar a sus participantes, son los siguientes:

  1. Puente entre marcos (frame bridging): Se trata de la articulación entre dos o más marcos, ideológicamente congruentes pero estructuralmente desconectados, que se refieren a un problema en particular.

  2. Amplificación de marcos (frame amplification): Consiste en la clarificación y el fortalecimiento de un marco interpretativo referido a un asunto, a un problema o a un conjunto de eventos particulares.

  3. Marcos de extensión (frame extension): Es la expansión de los límites del esquema de interpretación primaria del movimiento a fin de abarcar intereses o puntos de vista que son accesorios en relación con sus objetivos principales, pero que tienen una considerable importancia para los simpatizantes potenciales.

  4. Marcos de transformación (frame transformation): La redefinición de las actividades, los eventos y las biografías, que ya poseían un significado preciso desde el punto de vista de algún marco primario, en términos de algún marco alternativo, de manera que ahora los participantes los consideran como algo completamente distinto (Snow y Benford, 2006: 85-86).

15 Se refiere a “los esfuerzos estratégicos conscientes realizados por grupos de personas en orden a forjar formas compartidas de considerar el mundo y a sí mismas que legitimen y muevan a la acción colectiva” (McAdam et al., 1999: 27).

16 Los campos de identidad se forman en la intersección de los marcos de referencia y “las definiciones intersubjetivas de la “realidad” que formulan los actores de los movimientos” (Hunt et al., 1994: 245).

17 “[L]a definición y presentación de los fines que les son comunes a los movilizados no necesariamente antecede a las protestas. Más aún: no siempre se trata de una alternativa o una propuesta articulada para revertir lo hasta entonces incuestionado o lo normativamente válido. No pocas veces los movimientos construyen y modifican sus objetivos durante el transcurso de las movilizaciones; y, la mayoría de las veces, tal proceso les confiere sus principales rasgos a los movimientos” (Guerra, 2007: 77).

18 La advertencia de McAdam (1998: 92) es en este sentido: “Los tipos de cambios estructurales y cambios de poder que de manera más clara son concebidos como oportunidades políticas no debieran


confundirse con los procesos colectivos por medio de los cuales son estos cambios interpretados y enmarcados”.